El ruidoso vibrar de las ventanas, el color blanco grisáceo del aluminio y las tres puertas de ascenso y descenso de aquellas unidades que iban del oriente al poniente de la ciudad conectadas con unos tirantes a los cables de electricidad, son parte del recuerdo.
“Trolebús. Antes R-400”, resalta del parabrisas de la unidad que sustituyó al viejo Par Vial, el mismo que a cada 600 kilómetros de recorrido se descomponía, pero era parte de la identidad de la ciudad.
“El sonido es distinto”, señala Alberto entre suspiros; “Lo dibujaba cuando era niño. Me subía con mi padre y mi madre para ir al Cabañas, recuerdo el olor a fierro, el sonido, todo es diferente ahora, sí da nostalgia”.
Las nuevas unidades que entraron en operación en enero no dan cabida al pasado; desde la imagen hasta el sistema operacional es distinto: el blanco de las unidades se cambió por rojo, el sistema es híbrido, por lo que puede funcionar hasta 30 kilómetros con diésel en caso de corte de energía; tiene sistema de prepago, cámaras de videovigilancia, rack para dos bicicletas y es incluyente para personas de baja estatura y con discapacidad.
“Siento que son más seguras por las cámaras”, dice Alejandra, usuaria regular; “Me gustó que tienen rack, el espacio está bien distribuido, aunque siento que son menos asientos, pero está bien porque son incluyentes; no me gustó que ahora funcionen con gasolina o diésel, porque por las obras en el Centro prenden el motor y contaminan, justo en la zona más contaminada de la ciudad, para pasar por el túnel de Hidalgo, además todo el tiempo van chocando con los árboles, en un año van a estar súper maltratadas o rayadas por las ramas.
Prepago
Mientras Alejandra habla del nuevo trolebús, el operador voltea de reojo y sonríe, al igual que cuando un usuario se sube a la unidad y le agradece haberse detenido en la parada o cuando un usuario le pregunta cómo funciona la máquina de prepago después de intentar darle los 7 pesos en la mano para pagar el pasaje.
“Póngalos ahí y de aquí sale su boleto”, se limita a decir a cada usuario que desconoce el sistema.
En sólo dos ocasiones se distrae el operador, cuando se baja de la unidad para acomodar el sistema y que los tirantes vuelvan a engancharse a los cables de la luz, y al arribar a la terminal, en República, donde un señor con bata azul de inmediato se sube para limpiar la unidad.
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