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Tarjeta roja

Turismo sexual consumidor de víctimas de trata de personas con fines de explotación sexual. Grábese la frase. Alrededor de un Mundial de Futbol hay grandes intereses en movimiento que benefician a los países sede: mejora la infraestructura, movilidad, economía y la proyección internacional; lamentablemente, lejos de los reflectores, de la fiesta en los estadios y en las calles, también se vive una realidad que se recrudece: la trata y abuso sexual infantil.

México es uno de los 10 países más visitados del mundo, el año pasado se ubicaba en el sexto lugar, índice que cambiará con la afluencia de turistas entre junio y julio próximos; sin embargo, no podemos ignorar que el país también ocupa uno de los primeros lugares a nivel mundial en explotación sexual de niñas, niños y adolescentes, así como de consumo de pornografía infantil. Según un reporte de ECPAT México (Red mundial contra la prostitución, pornografía y trata infantil con fines sexuales), nuestro país es el paraíso de los pedófilos y se calcula que casi 600 mil depredadores sexuales viajan al país cada año.

Autoridades estiman que más de 5 millones de visitantes extranjeros lleguen al país sólo para disfrutar los 13 partidos programados en las tres sedes nacionales. El desafío para proteger a la niñez es grande; por ello desde el año pasado, en Jalisco, se toman medidas en capacitación sobre protocolos de seguridad para fomentar la cero tolerancia a la explotación rumbo a la justa deportiva, en la que han participado diversas organizaciones como Fin de la Esclavitud en colaboración con It’s a Penalty.

La reforma al artículo 58 de la Ley General de Turismo el año pasado, en la que los prestadores de servicios en hotelería tienen la obligación de verificar el parentesco o custodia de los menores que acompañan a sus huéspedes y en caso de no hacerlo reportar a las autoridades, es sólo una medida de muchas que se deben activar para crear una cultura de protección.

Las cosas han cambiado mucho en las últimas cuatro décadas, desde que se celebró el Mundial de 1986, pero aun así estamos en la cúspide en una de las métricas más vulnerables para niños y adolescentes.

Un botón para la muestra de lo frágiles que pueden ser los menores: el Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipnina) señala que el número de víctimas del turismo sexual en México es de más de 20 mil niñas, niños y adolescentes y una gran parte son cometidos por ciudadanos procedentes de otros países.

De acuerdo con Amnistía Internacional, aunque la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) sostiene que “el futbol une al mundo”, la realización de una Copa Mundial, lejos de generar cohesión, puede funcionar como una vitrina global que oculte realidades críticas, entre ellas la expansión de redes de trata y explotación sexual, así como otras violaciones a los derechos humanos que suelen intensificarse en escenarios de alta exposición internacional.

Como sociedad debemos tener los ojos muy abiertos, los depredadores sexuales se camuflan fácilmente, son casi invisibles, no siguen un perfil específico, por ello es tan difícil identificarlos y erradicar el problema. En este Mundial donde todo el país es el terreno de juego, en el que todos somos jugadores, es una obligación unirnos al equipo contra la trata infantil: ponernos la camiseta, cuidar, denunciar y proteger.

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GR