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Fracking

El pasado 15 de abril, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó un comité científico multidisciplinario que analizará la viabilidad de promover el fracking en México. El comité está integrado por académicos y especialistas de universidades públicas e institutos de investigación.

El fracking, o fracturación hidráulica, es una técnica avanzada para extraer gas natural. El mismo ha revolucionado la industria energética global porque permite la explotación de recursos que solían considerarse inaccesibles por razones tecnológicas o económicas.

En México, la justificación de promover el fracking se sustenta la necesidad de fortalecer la soberanía energética del país. Hoy, 75 por ciento del gas natural que se consume en el país proviene de Estados Unidos. La falta de producción nacional hace que los precios nacionales del gas se definan en buena medida en Texas.

La dependencia energética del país se ha reflejado en bajos niveles de producción y en importaciones crecientes. De hecho, entre 2009 y 2025, la producción nacional de gas natural se desplomó 43.7 por ciento. Además, desde 2021, las importaciones de gas superaron los 10 mil 500 millones de dólares anuales.

El fracking no solo podría contribuir a reducir la dependencia energética del país. Según algunas estimaciones, los beneficios del fracking hacen factible que la inversión alcance en tres años los 308 mil millones de dólares. Así, el fracking podría contribuir a generar, además de energéticos, inversiones y empleos.

El fracking, sin embargo, ha sido muy cuestionado por la sociedad mexicana. Su implementación requiere mucha agua y utiliza químicos potencialmente perjudiciales para la salud y el medio ambiente. Además, hay quienes señalan que el fracking induce sismos, contaminación y cambios climáticos.

El fracking también ha sido cuestionado porque puede generar conflictos económicos, políticos y sociales. Estos conflictos podrían generarse debido a la falta de agua, el deterioro medioambiental, la degradación del suelo y los problemas sanitarios.

Indudablemente, los argumentos de ambos lados son válidos. Sin embargo, me parece que el verdadero debate no debería centrarse en la promoción o no del fracking. Mientras no haya mejores alternativas, el fracking seguirá siendo una alternativa necesaria (pero no la única) para los problemas energéticos del país. 

Hoy se requiere analizar cómo evitar, prevenir y atender los riesgos asociados a la producción, distribución y consumo de energéticos. Asimismo, se requiere analizar cómo promover la eficacia, la eficiencia, la regulación, la atención de problemas y la rendición de cuentas en el sector energético.

En mi opinión, el comité presentado tiene la oportunidad de replantear el debate energético de manera integral y científica. Más allá del fracking, podría explorar opciones que equilibren economía, sociedad y medio ambiente. Su trabajo podría ser clave para diseñar y mejorar las políticas energéticas del país.

En conclusión, el fracking no es una solución perfecta ni definitiva. Si se implementa, debe hacerse bajo estricta regulación y supervisión. Al mismo tiempo, México debe apostar por energías limpias para diversificar su matriz energética. Solo así podrá promoverse un equilibrio entre soberanía, desarrollo y sostenibilidad.

*Economista e investigador de la UdeG

[email protected]

jl/I

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