Si visitas Jalisco descubrirás rápidamente que uno de los capitales culturales más imponentes de la región es su arte sacro. Es una zona donde las manifestaciones de fe han modelado la identidad colectiva.
Al contrario, si eres de Jalisco y visitas otras partes del país, te darás cuenta de que el patrimonio religioso y su lenguaje visual son diferentes.
Sin caer en el determinismo geográfico, hay que reconocer rasgos propios de cada región. Así como en Oaxaca encontramos los alebrijes, en Tlaxcala los sarapes, en Jalisco tenemos el tequila como marca distintiva.
Cuando hablamos de arte existen factores que dejan una huella profunda: las épocas históricas, el acceso a los recursos económicos, la presencia de personajes influyentes, la cercanía a las metrópolis y la aceptación de los estilos artísticos.
Todo esto se conjuga con el gusto de los mecenas que encargaron las obras y el genio de los arquitectos y artistas que transformaron tanto las colecciones particulares como los espacios públicos religiosos y civiles.
En Jalisco el arte sacro no es una pieza muerta. Aunque se muestra en unos pocos espacios museísticos, como el Museo Regional o el Museo de la Ciudad de Guadalajara, la mejor experiencia consiste en caminar e ingresar a los templos católicos. La mayor parte de las obras están inmersas aun en su contexto social y ritual original dialogando con el transeúnte cotidiano.
La Catedral de Guadalajara es el edificio más influyente de la capital. Su construcción comenzó en la década de los setenta del siglo 16. Al terminar el interior, el recinto se decoró al estilo del siglo 17 con retablos barrocos, con esculturas y pinturas.
A inicios del siglo 18, los espacios se modificaron para adecuarlos al gusto de la época, sin embargo, al llegar el siglo 19, en el contexto de la Independencia y de la creación del Estado Libre de Jalisco, el obispo diocesano, don Juan Cruz Ruiz de Cabañas, impulsó una transformación radical, pues ordenó retirar el mobiliario barroco y rococó para adecuar la Catedral al rito romano, a la estética de la Ilustración y a las nuevas directrices clasicistas.
La disposición de los altares neoclásicos que vemos hoy es resultado de una modificación integral, en la que se armonizó la estructura renacentista original con una sobriedad geométrica enriquecida en todo el siglo 19, es un recinto muy bello.
Esta decisión del obispo Cabañas se replicó en muchas parroquias y conventos de la diócesis. Como consecuencia de este cambio de gusto, la renuncia a la estética virreinal provocó que hoy solo queden 10 retablos barrocos en todo el estado, lo que representó una gran pérdida patrimonial.
Aunque Cabañas nació en Navarra, España, apostó por la modernidad de su sede episcopal mediante el neoclásico, el estilo de la Academia de San Carlos, asociado a los ideales de la joven nación mexicana y de Francia, el modelo cultural de la época.
Por eso al entrar a estos templos antiguos vemos interiores con muros de cantera amarilla aparente o paramentos pintados de blanco con dorados que resaltan molduras, capiteles y otros elementos arquitectónicos, así como esculturas y pinturas religiosas sobrias, anatómicamente correctas y realistas.
El arte sacro de Jalisco es todo un manifiesto de identidad. Es la evidencia de una fe católica vivida en un contexto político federalista, forjada en la posterior época de la Cristeada, rodeada de agaves y fábricas, e inserta en un mundo moderno en que las nuevas manifestaciones de arte sacro que están surgiendo, dialogan abiertamente con el arte contemporáneo, como un espejo vivo del alma jalisciense, en constante evolución.
*Restaurador
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