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Declaratoria, oficial; debe fortalecerse vigilancia 

Declaratoria, oficial; debe fortalecerse vigilancia 

Con el decreto oficial de protección, el bosque El Centinela y Cañadas de San Isidro, en Zapopan, contarán con mayores herramientas para su conservación, entre ellas recursos para fortalecer la vigilancia, la restauración ecológica y la aplicación de programas de manejo. Aun así, especialistas advierten que la declaratoria por sí sola no elimina los riesgos que enfrentan ambas áreas, especialmente los incendios forestales, la erosión del suelo y los efectos del crecimiento urbano.

La declaratoria, publicada ya en el periódico oficial ‘El Estado de Jalisco’, otorga la categoría de Área Natural Protegida bajo la modalidad de Parque Ecológico Municipal a un polígono de 254.089 hectáreas en Zapopan.

Al respecto, Daniel Rosales Morales, coordinador de Actividades de Áreas Naturales Protegidas de la Dirección de Medio Ambiente de Zapopan, explicó que uno de los cambios más importantes será fortalecer la vigilancia en ambos espacios mediante el trabajo de guardabosques y dar mayor impulso a las acciones de restauración y reforestación con especies nativas.

Agregó que la declaratoria permitirá aplicar con mayor rigor los programas de manejo, documentos técnicos que establecen las actividades permitidas y restringidas dentro del área protegida para garantizar la conservación de la flora, la fauna y los procesos ecológicos que mantienen el equilibrio del ecosistema.

El especialista señaló que en el bosque El Centinela se ha trabajado durante los últimos años en la recuperación de la vegetación nativa debido a que parte de su cobertura forestal se desarrolló con especies introducidas tras antiguas deforestaciones. Por ello, añadió, las acciones de restauración buscan incrementar la diversidad vegetal y favorecer la recuperación de la fauna silvestre.

Destacó además que tanto El Centinela como Cañadas de San Isidro forman parte de un sistema ambiental de gran importancia para la recarga de acuíferos al conectar con la barranca del río Santiago mediante cañadas y cauces naturales que permiten la infiltración del agua de lluvia hacia los mantos freáticos.

No obstante, advirtió que los incendios forestales continúan siendo el principal riesgo para ambas áreas naturales protegidas, especialmente durante la temporada de estiaje, cuando la presencia de amplias zonas de pastizal seco facilita la propagación del fuego.

Explicó que un incendio no solo destruye la vegetación, sino que también desplaza la fauna silvestre, reduce la infiltración de agua y deja el suelo expuesto a la erosión durante el temporal, afectando la capacidad del bosque para regenerarse y mantener sus funciones ambientales.

A estos riesgos se suma la expansión de la mancha urbana, particularmente en las cañadas que integran el complejo natural, donde el crecimiento habitacional ha modificado los flujos naturales del agua y ha reducido parte de la cobertura vegetal que favorece la recarga hidrológica.

Finalmente, invitó a la población a conocer y apropiarse de estos espacios naturales, ya que su conservación no solo protege la biodiversidad, sino que también contribuye a regular la temperatura, mejorar la calidad del aire y mantener la disponibilidad de agua para la región metropolitana.

jl/I

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