La construcción acelerada de torres de departamentos en zonas centrales de Guadalajara no necesariamente está produciendo una ciudad más compacta ni resolviendo el déficit habitacional; por el contrario, investigadores de la Universidad de Guadalajara (UdeG) advierten que la verticalización, acompañada de incrementos en rentas y precios del suelo, expulsa a habitantes de barrios tradicionales hacia la periferia.
Durante la presentación de tres libros sobre gentrificación, verticalización, infraestructura, movilidad, políticas de planeación y vivienda, las y los académicos de la UdeG señalaron que el principal problema no es la construcción de vivienda vertical, sino para quién se construye y bajo qué condiciones urbanas y sociales.
Diego Nápoles Franco, profesor investigador del departamento de Estudios Sociourbanos del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), expuso que hasta 60 por ciento de la vivienda nueva que se concentra o construye en zonas centrales podría encontrarse desocupada, mientras que sólo alrededor de 40 por ciento estaría habitada.
La falta de información también está relacionada con el crecimiento de modalidades de renta temporal. Parte de los departamentos puede permanecer vacía durante determinados períodos y utilizarse posteriormente mediante plataformas de alquiler de corta estancia, lo que dificulta distinguir entre vivienda permanentemente deshabitada, vivienda destinada a renta y vivienda utilizada de manera temporal.
Para las y los investigadores, el fenómeno resulta particularmente evidente en zonas como Santa Tere, La Perla, el entorno del Centro Histórico y otros barrios donde la llegada de nuevos desarrollos contrasta con una actividad cotidiana menor a la que se esperaría por la cantidad de viviendas construidas.
Otro ejemplo expuesto durante la presentación fue el entorno de El Retiro y el Parque Morelos, donde se han levantado torres de departamentos mientras viviendas tradicionales permanecen rodeadas por nuevos desarrollos.
Explicaron que mientras en las zonas centrales aparecen nuevos edificios, los habitantes que históricamente han ocupado esos barrios continúan desplazándose hacia los municipios periféricos. Incluso plantearon como una hipótesis la posible utilización de algunos desarrollos inmobiliarios para operaciones de lavado de dinero.
El resultado contradice uno de los argumentos centrales de la verticalización: construir en zonas consolidadas debería permitir aprovechar infraestructura existente, reducir distancias y contener la expansión urbana; sin embargo, si la población que habitaba esas zonas es expulsada por el aumento de rentas, precios inmobiliarios y costos de servicios, la ciudad termina reproduciendo la dispersión que pretendía combatir.
Los especialistas cuestionaron así que la política urbana mida el éxito de una ciudad por el número de metros cuadrados construidos o por la cantidad de torres levantadas.
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