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La tierra del piteado… y la gordita

En Colotlán celebramos la Independencia comiendo gorditas. No pozole ni tamales como en otros lugares, sino gorditas doradas o al comal rellenas de carne de puerco en chile rojo. La tradición nos viene de tiempo atrás, pero el primer Festival de la Gordita en 2016 provocó que el colotlense se asumiera como un glotón de este platillo y se revelara como parte de la identidad gastronómica del pueblo.

En Guadalajara lo común es cenar tacos de cabeza, asada y demás fritangas; en Colotlán se desarrolló el gusto por las cenadurías, ese lugar donde se ofrecen gorditas y tacos dorados, carne seca (cecina), patas y orejas curtidas y pozole. La gorda es de maíz con carne de puerco en chile rojo, acompañada de repollo, jitomate o salsa de jitomate, más una salsa de cenaduría (de chile puya y vinagre de casa). Antes era común que la gorda se dorara con la carne dentro, pero ahora se dora en el aceite y después se llena de carne.

Las cenadurías ya existían en los años 30 del siglo pasado, pero la gordita no se incluía en el buffet; es hasta principios de los 60 que se empiezan a vender enfrente del Cine Colonial y en las cenadurías.

Hay otro tipo de gorda que inició en los años 60. Es la que se mete a dorar al aceite en masa, sin antes haberse cocido en el comal. Y ya dorada, se le hace el hueco para introducirle el guisado. La autora, María Guadalupe Medina Herrera. Y ya para finales de los años 80 se empiezan a vender las gordas al comal con diferentes guisados, como desayuno.

En este contexto, en el que hay una comunidad que desayuna, come y cena gorditas, es que la administración municipal de Armando Pinedo Martínez organizó un festival en honor a la gordita en 2016, y lo que sorprendió desde la primera edición fue la respuesta entusiasta de la población (local y migrantes, después los habitantes de la región). En particular de los jóvenes. 

¿Qué provocó el entusiasmo por el festival y la gordita? A espera de una investigación formal, me tocó observar varios aspectos, entre ellos, la invitación a la investigadora de comida tradicional de Jalisco, Maru Toledo, como juez en aquella primera edición. Toledo comentó: “Este tipo de eventos ayudan a que los habitantes identifiquen un valor común. Que ellos decidan lo que quieren que se convierta en su identidad. Eso es maravilloso. Cuando una comunidad consigue hacer esto, realmente van a trascender porque es por unanimidad”. 

Un segundo aspecto que hizo trascender el evento fue la invitación de varios influencer, en un momento en que este tipo de contenidos estaba despegando en las redes sociales. El de mayor impacto fue el de la Ruta de la Garnacha.

Y claro, también influye el programa que adorna el festival, como los concursos (de los más tragones y el reconocimiento a la cocinera) y el programa musical.

Diez años después, el Festival de la Gordita mantiene un interés. Pero empieza a caer en una rutina que, a mediano plazo, puede afectarle. Es momento de un relanzamiento, de sacudirlo de alguna manera… aunque uno de los objetivos involuntarios ya se logró: ahora somos la tierra del piteado y de las gorditas. ¡Provecho!

 

*Periodista y gestor cultural

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jl/I

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