Una disyuntiva con la que nos encontramos constantemente de frente al trabajo que busca recuperar la obra de una mujer olvidada por la historia es entender si era o no feminista. Me parece que esta es, en suma, una pregunta validísima. Es que hicieron falta años de activismo feminista para reconocer que esas voces que faltaron debido a una clara omisión histórica, académica e identitaria, eran importantes y había que escucharlas.
Faltaron años de esta lucha para entender que, si no, nos estábamos perdiendo una parte importante de la historia.
Además, cuando uno lee a una mujer del siglo 19 escribiendo acerca de sus experiencias vitales, emocionales y académicas, sus visiones acerca del amor, la construcción del proyecto nación en el que vive y la historia que se le contó acerca de su propio origen, es imposible no creer que se trataba de una mujer rebelde.
Más allá de si se reconocía, es decir, si se nombraba directamente como feminista o no –cosa poco probable debido al contexto histórico en el que se desenvolvieron esas primeras ideas que planteaban a la mujer como un ser independiente e igual a sus pares masculinos–, lo que me queda claro leyendo el trabajo de Rosa Navarro Flores, recuperado hace poco en una antología digital, por la doctora Lilia Bayardo, como parte de su trabajo contando la historia de las mujeres jaliscienses desde su trinchera académica en el Colegio de Jalisco, es que hablamos de una mujer que tenía los mismos intereses que tenemos las mujeres artistas y escritoras en la modernidad.
Como muchas de nosotras, Rosa se preocupó por dejar un registro de lo que pensaban y hacían las mujeres en un sistema dominado por los hombres a través de la publicación y la autopublicación a través de ‘LA MARIPOSA. Semanario dedicado al bello sexo’ (sic) donde publicó poemas dedicados al amor, especialmente al amor que profesaba a sus hermanas carnales y a sus hermanas de lucha libertadora, Leona Vicario y Josefa Ortiz.
También hizo poemas que eran en verdad reclamos –muy al estilo Sor Juana– hacia los prejuicios que tenían los hombres doctos de su época sobre las mujeres y la ropa o los estilos que preferían (el poema ‘LAS MODAS’). A la importancia de mirarnos más allá de nuestro aspecto físico. Y en general a reconocerse como parte de una comunidad de mujeres que aportan a la vida y al desarrollo intelectual de una sociedad.
A conocer, a saber, a querer más (el poema a la ciencia).
En esta primera antología recuperada a través también de varios investigadores e investigadoras de la historia de Jalisco, desde una perspectiva de recuperación de la historia, ese sentimiento de rebeldía y de reconocimiento del lugar que ocupa una en el mundo, para mí es, cuando menos, la gasolina que hizo falta para encender las ideas de la lucha feminista como la conocemos ahora.
Al contar su propia historia estaba también cimentando un camino para hacerse espacio en ella. Quiero decir, de alguna manera, la estaba transformando.
Este libro es, en ese sentido, una reunión. Un trabajo que reúne nuestra historia, lo digo como la historia de una genealogía, y que, a su vez, es una semilla para el trabajo que hacemos todas ahora, reconociendo el camino recorrido por las otras y entendiendo que este derecho que perseguimos no ha terminado y que es importante que dejemos una huella que hable de nuestros afectos, nuestras luchas, nuestras ideas acerca del presente, bajo la posibilidad de que se nos sean arrebatadas nuevamente.
Esta bellísima antología, toda una proeza para traernos a Rosa al siglo 21, se encuentra en la plataforma digital de acceso gratuito GDLEE y se puede descargar de manera legal.
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