loader

Reimaginar la seducción

Hace un par de meses, un artículo publicado en la versión francesa de la revista ‘Vogue’ le dio la vuelta al mundo. Todas mis amigas lo leyeron. Hablaba de que en los tiempos en los que vivimos en Occidente, gracias en parte a la crítica social constante que nos han heredado movimientos políticos como el feminismo, da pena ajena tener novio.

Es la primera vez que esto pasa en la historia de manera tan notoria.

Nuestras amigas millenials y gen z no presumen que tienen novio; es más, apenas lo mencionan. Ya no es uno de los logros que tienen que alcanzar en la vida adulta, no, al menos, con la misma importancia de nuestros logros académicos y profesionales. Mis amigas presumen en redes las montañas que encumbran, los maratones que corren, los espacios institucionales que ahora dirigen. Terminan sus doctorados, comienzan estancias académicas en escuelas de importancia internacional. Logran el cuidado perfecto de sus caras, el restaurante de moda, las vacaciones perfectas. Incluso los modelos de crianza que anhelan para sus hijos. Pero los novios no.

No es coincidencia, que, al mismo tiempo, prosperen en medios noticias como la “academia de la violación” que descubrieron periodistas de CNN en Estados Unidos, en donde miles de hombres se reúnen en la página que, irónicamente, lleva la dirección web motherless (sin madre, en su traducción en español), para compartir consejos y métodos para violar y someter mujeres.

O la noticia del caso de la francesa Gisèle Pelicot que fue sometida por años a un método siniestro en el que su marido la drogaba a escondidas por medio del agua que bebía hasta la inconsciencia y luego traía a decenas de hombres de su comunidad para que la violaran mientras yacía en el lecho matrimonial. O las tendencias de videos en las que hombres se preparan físicamente para patear y acuchillar a sus novias si durante la propuesta de matrimonio ellas se atreven a decirles que no.

No es coincidencia que mientras ellas encuentran satisfacción personal en sus logros como individuos libres en un país con altos índices de violencia feminicida, haya también congresos desesperados por entrenar en su ficción a los hombres aferrados a una masculinidad tradicional fallida. Obsoleta.

Esto lo estamos pensando todas.

Por ejemplo, en el planteamiento que hace Sara Torres en el libro que, justamente, se titula ‘La seducción’

La historia de esta novela es sencilla, pero los elementos que la conforman son importantes para leer este momento en la actualidad: se trata de dos mujeres en el deseo, una escritora y una fotógrafa, que han estado coqueteando por correo. Luego, cuando se encuentran en el mismo plano físico, no saben cómo accionar, ninguna de las dos quiere dar el paso definitivo porque luego no se encuentran seguras de que la otra esté sintiendo lo mismo.

Esta historia podría ser contada exclusivamente por la frustración de la incertidumbre y la angustia de no gustarle a quien nos gusta, pero lo que genera la autora española en este libro es lo contrario, es el placer y, sí, el sufrimiento también que construyen una nueva convicción: que la seducción no tiene por qué ser una invasión ni una conquista del mundo del otro, sino la paciencia, la espera y la seguridad de construir con esa otra un tercer espacio donde quepan ambas.

Cuando uno lo entiende disfruta, como lectora, ese espacio de respeto y autonomía del deseo que necesitamos tan urgentemente. 

Quiero decir que este libro me dio esa respuesta, pero todo lo que está pasando en el mundo del amor y las relaciones en la modernidad me lo confirmó.

Tenemos que encontrar nuevas maneras de relacionarnos y entendernos el amor. Nuevas formas para reescribir sin violencias la seducción, la anticipación de que alguien nos guste, las reglas de las parejas cuando decidimos comenzar una relación y por primera vez en la historia contamos con las herramientas que nos lo permitirían. ¿Qué nos impide hacerlo?

[email protected]

jl/I

Te recomendamos

Artículos de interés

Cae el combate a plantíos de droga
Puntos Seguros en Jalisco alcanzan casi 2 mil espacios 
Ignora ley contexto del crimen en feminicidios