Despertar de un largo sueño plácido es la única comparación que puedo hacer sobre terminar de leer ‘Mujeres sin hombres’, una novela sobre Irán que escribió Shahrnush Parsipur, publicada por primera vez en 2011, pero que, en su traducción al inglés –fue escrita originalmente en persa–, llegó a la lista larga del prestigioso premio Booker el año pasado y luego, pronto, a mi librero.
El género en el que está adscrita es el realismo mágico, y el realismo mágico siempre me remite a una sensación profundamente infantil de la lectura porque creo que el elemento principal de su estructura es el juego. La picardía. Hay un contrato, por supuesto, entre yo y el libro que es necesario para entendernos, en donde yo me dejo llevar, justamente, como si se tratara de un sueño en el que las cosas extraordinarias ocurren como una consecuencia natural de las cosas terribles.
Este es un libro que entiende el realismo mágico como un recurso para la narración de una situación compleja y no como un ejercicio literario; es decir, como un medio y no como un fin. Escrito a finales de 1970, este libro fue prohibido en Irán.
Lo que cuenta Parsipur en la historia de estas cinco mujeres forma parte de la histórica injusticia que representa la violencia en contra de las mujeres. Está ambientado en el contexto del golpe de Estado iraní de 1953.
No lo hace aquí la autora desde un afán de descripción histórica o de contextualización política, sino que lo propone como una circunstancia que se traduce en el cuerpo y la intimidad de las mujeres de este mundo, y que podría ser un escenario ficticio: el autoritarismo, señala, no nace solo en los círculos de poder o en los acuerdos internacionales, sino en el hogar en el que las mujeres son constreñidas y supervisadas, dentro de sistemas patriarcales abrumadores y repetitivos que las privan de su autonomía más básica.
Lo mágico en el libro ocurre en los silencios: los deseos y los actos de rechazo de las mujeres se convierten en formas sutiles pero radicales de resistencia.
Lo mágico ocurre en la posibilidad que tienen estas mujeres de imaginar y crear un jardín en el que habitan solo ellas, en donde se suspenden las reglas que ellas no aceptaron nunca. Y es un jardín hermoso, infinito, uno donde no solo se les permite ser libres, sino en donde se les permite la ambición: la posibilidad de mostrarles a los otros su recién estrenada autonomía para lucirla como una joya fina, su maternidad, su paz, el amor.
Es interesante pensar en este libro como en un testimonio de quien, al mismo tiempo, escapa de unas cosas para reencontrarse con ellas de otras maneras. Las situaciones en las que Shahrnush Parsipur salió de su país, exiliada, son terribles. Se espejean, por supuesto, con lo que viven hoy las mujeres iraníes bajo la amenaza bélica del presidente Donald Trump, tras la disputa por el estrecho de Ormuz y la amenaza de la ocupación israelí.
Una constante en ambas situaciones, en 2011 y en 2026, y en general a lo largo de la historia reciente de Irán, es que la voz de las mujeres que sobreviven a la guerra y, también, a los regímenes extremistas que las expulsan o las despojan de sus derechos es opacada por las voces de los otros; por los análisis políticos que las miran, muchas veces, como criaturas desamparadas. En ese sentido, también ‘Mujeres sin hombres’ aparece como una forma de sátira en la que los personajes cobran figuras transhumanas para liberarse de sus maridos tiranos, sus hermanos feminicidas y, en general, de la mirada siniestra de una sociedad que impone sus ideales a las vidas de ellas. Son mujeres que, al convertirse en árboles cantores, en oráculos capaces de leer las mentes y en viajeras del tiempo, atraviesan la tierra que las vio nacer y la ensanchan.
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