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Acusan abandono de Huaxtla pese a quejas

Acusan abandono de Huaxtla pese a quejas

El fin de las lluvias ha reducido el escurrimiento de lixiviados hacia el río Milpillas y la cascada de Huaxtla, pero habitantes de la zona advierten que la contaminación no se ha resuelto y que permanecen residuos en las orillas del cauce.

Durante un recorrido realizado por NTR con pobladores, el agua ya no se observó tan negra como en semanas anteriores, aunque todavía presentaba turbiedad, tonos grises y cafés, además de olor a basura. Los habitantes atribuyeron esta disminución al fin del temporal, que interrumpe el flujo de líquidos provenientes de los basureros cercanos, y no a una solución definitiva.

Alejandro Mercado señaló que hasta ahora no cuentan con análisis recientes y certificados que permitan determinar la calidad del agua después de los escurrimientos. Afirmó que personal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha acudido a realizar recorridos, pero cuestionó la falta de muestreos y de acciones que permitan conocer el alcance de la contaminación.

“No trae ningún documento para levantar actas ni hacer muestreos de la calidad de los cuerpos de agua; vemos que no están haciendo realmente nada”, dijo.

Los habitantes cuestionaron también las declaraciones oficiales que dieron por resuelto el problema de contaminación en las cascadas.

Además, advirtieron que el problema se repetirá durante la próxima temporada de lluvias, cuando los escurrimientos vuelvan a llegar al cauce. Según Teódulo, habitante que ha participado durante años en la defensa ambiental de la zona, los lixiviados se acumulan durante meses y las descargas aumentan con las precipitaciones, una situación que, afirmó, se ha presentado de manera recurrente.

La preocupación de las comunidades también alcanza a los manantiales que abastecen de agua para uso doméstico a Huaxtla y San Lorenzo. Durante el recorrido, los pobladores identificaron un nacimiento que alimenta una red de tuberías y mangueras para distribuir agua a las viviendas.

Aclararon que el manantial visitado se mantiene limpio y que no está conectado directamente con el cauce afectado. Sin embargo, temen que los contaminantes puedan filtrarse por el suelo y alcanzar esa fuente en el futuro.

Los habitantes señalaron que buscan realizar nuevos análisis con respaldo técnico y de un laboratorio acreditado para conocer la calidad del agua y determinar qué contaminantes están presentes.

Mientras tanto, afirmaron que no han visto avances suficientes para resolver el problema y prevén buscar nuevas vías para exigir medidas que eviten que las descargas se repitan cada temporal.

Compromisos incumplidos

De 17 obras prometidas a pueblos de la Barranca, solo cinco se consideran cumplidas; habitantes aseguran que cinco administraciones municipales han pasado sin concederles audiencia y que desde 2021 exigen el cierre de los vertederos y el saneamiento de la zona.

De acuerdo con el desglose de los pobladores, cinco obras se cumplieron, tres quedaron parcialmente realizadas y nueve siguen pendientes. Esto significa que 70.6 por ciento de los compromisos registra incumplimiento.

El convenio del 14 de octubre de 2009 contemplaba obras de infraestructura, abasto de agua, servicios de salud y espacios comunitarios para distintas localidades.

Sin embargo, entre las necesidades que continúan sin resolverse están la construcción de un salón de usos múltiples y la asignación de un médico permanente para la casa de salud de Huaxtla; la perforación de pozos y construcción de bordos en Milpillas, así como la infraestructura hidráulica pendiente en San Lorenzo.

También permanece incompleta la renovación de la red de agua potable entre La Soledad e Ixcatán: de los 7.5 kilómetros comprometidos, los habitantes reportan que solo se renovaron 3.5. En La Soledad, aunque se construyó una casa de salud, señalan que no se asignó personal médico.

Entre las obras que los pobladores consideran cumplidas están la línea de conducción de agua potable y drenaje en Huaxtla, entregada en 2012, y el centro de salud de Ixcatán, concretado en 2016, siete años después de lo pactado.

Los habitantes aseguran que, desde la firma del convenio, han transcurrido cinco administraciones municipales sin que hayan conseguido una audiencia para plantear sus demandas.

En un documento entregado en 2021 al alcalde de Zapopan, Juan José Frangie Saade, las comunidades reiteraron sus exigencias y pidieron el cumplimiento integral del convenio de 2009 y sus anexos.

Entre las solicitudes incluyeron impedir que los residuos del vertedero Los Laureles, en Tonalá, fueran enviados a Picachos y Hasar’s, así como el cierre definitivo de estos dos sitios y el saneamiento integral de la zona. También exigieron el tratamiento de los lixiviados que generen durante 30 años.

El escrito incluyó además la petición de detener la contaminación del río La Soledad, que los habitantes atribuyen a lixiviados del antiguo basurero de Copalita y a descargas residuales de fraccionamientos cercanos.

Asimismo, solicitaron el pago de daños ambientales presentes y futuros relacionados, según su señalamiento, con los basureros, el desarrollo inmobiliario, la perforación de pozos y la contaminación de aguas superficiales y subterráneas.

Balnearios, en riesgo

Los manantiales y balnearios naturales de la zona de Huaxtla y comunidades aledañas enfrentan riesgos por la extracción de agua subterránea, las posibles filtraciones de lixiviados de los vertederos cercanos y la presión del desarrollo inmobiliario, advirtió Alejandro Mercado, administrador del lugar.

Uno de sus temores es que la perforación de pozos profundos en las partes altas reduzca el caudal de los manantiales que abastecen a las comunidades. Según explicó, en otras localidades la extracción de agua ha disminuido o secado fuentes naturales, por lo que teme que ocurra lo mismo en esta zona.

A esa preocupación se suma la posible filtración de lixiviados provenientes de los basureros hacia el subsuelo y las fuentes de agua. Señaló que los análisis realizados hasta ahora han arrojado resultados favorables respecto a la contaminación, aunque aclaró que el agua de uno de los manantiales no es apta para consumo humano debido a su composición mineral.

Explicó que se trata de agua azufrada, relacionada con las características geológicas de la región volcánica. Por esa razón, los habitantes recurren a otra fuente para obtener agua de consumo, mientras mantienen la preocupación de que las condiciones de los manantiales cambien por la extracción o por posibles filtraciones.

Otro de sus señalamientos se dirige al bosque ubicado en las partes altas del cerro del Chicharrón, donde, afirmó, cada año se registran incendios que afectan la cobertura forestal. El habitante sostuvo que algunos son provocados y atribuyó estos siniestros a intereses relacionados con la urbanización y la construcción de fraccionamientos, aunque no presentó pruebas que permitan corroborar esa relación.

Para Mercado, los riesgos no se limitan a la contaminación de los cauces, sino que incluyen la posible reducción del agua de los manantiales y la pérdida de vegetación en las partes altas.

Ante estos escenarios, consideró necesario proteger las fuentes naturales y el entorno forestal. Miguel Ángel Vidal

 

jl/I

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