Intervencionismo

Las palabras del cardenal Francisco Robles Ortega, en su mensaje de apertura de la 104ª Asamblea Episcopal están muy lejos de representar una violación a la naturaleza laica de nuestro Estado.

Algunos analistas molestos argumentan que el cardenal hizo política y que es “realmente poco lo que se les pide: no se metan en las elecciones, no se metan en la política electoral”, aduciendo el artículo 130 de la Constitución que señala: “Los ministros no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna”.

Las frases que se consideran intervencionistas en el cuerpo del mensaje son:

1. “Los partidos políticos desdibujan sus identidades, pierden sus liderazgos claves, se vinculan con opciones políticas contrapuestas, haciendo que el voto en consciencia de los católicos sea más arduo que nunca”.

2. “Los candidatos independientes surgen y momentáneamente parecen ofrecer una alternativa a las opciones políticas tradicionales. Sin embargo, más pronto que tarde, algunos independientes resulta que no lo son tanto”.

El contexto del mensaje del presidente del Episcopado no fue al pueblo de México, sino a los obispos presentes en la asamblea. Ahí, el cardenal Robles insistió en que los próximos comicios son una privilegiada ocasión para comprometerse en la reconstrucción de nuestra patria.

“Busquemos hacer el bien posible, esto es: impulsar todo lo que aporte al bien común, a la paz, a la seguridad, a la certidumbre, a la justicia, al respeto de los derechos humanos y a la solidaridad real con los más pobres y excluidos”. Y concluyó que nuestra patria requiere la responsable participación de cada uno. Este mensaje es claramente de discernimiento, como es natural en cualquier dirigente religioso.

Reflexionemos que estos argumentos suenan a nostalgia, a los tiempos cuando intentar ejercer la libertad de religión era considerado un atentado contra la nación, el Estado y la sociedad. Expresan el deseo de que las religiones sean relegadas a la observancia estricta de la vida privada, sin posibilidad de hacerse presentes en el espacio público, ni en la política, y tampoco dentro la sociedad civil.

Las personas que profesan una religión pueden expresarse libremente en México, en pleno ejercicio de su libertad religiosa, dentro de un marco de normalidad ciudadana.

Para el politólogo Jorge Traslosheros, el orden constitucional mexicano, por maduración de la sociedad civil y en ésta de los católicos, ha definido el Estado laico dentro del horizonte de comprensión de una laicidad propositiva.

En la actualidad, por la orientación de la iglesia y los obispos, se da la existencia de un laicado mejor capacitado para la vida cívica, se ha generado una nueva catolicidad dispuesta al diálogo, al encuentro y la participación en la sociedad civil para anunciar la esperanza y dar batalla contra la cultura del desecho.

El gobierno federal se gasta 38 mil millones de pesos en publicidad oficial para intervenir al pueblo mexicano. Una democracia es sólida si son fuertes los cuerpos intermedios de la sociedad, entre ellos las familias, iglesias, medios de comunicación, colegios, universidades, sindicatos, asociaciones profesionales y un largo etcétera. Estos cuerpos son la única garantía de autonomía de los ciudadanos frente al poder del Estado. La obsesión de los políticos por controlar a los ciudadanos sólo puede ser contrarrestada por una sociedad civil fuerte.

Hay analistas y politólogos que proponen la laicidad propositiva, en la cual el Estado se muestre neutral y equidistante de las distintas religiones, pero decididamente a favor de los derechos humanos, entre ellos, la libertad de religión. Así, las religiones, como parte constitutiva de la sociedad civil, pueden expresarse plenamente dentro de una sociedad que busca ser democrática, diversa y plural, como la mexicana.

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