Refundar y mandar

Los candidatos con mayor probabilidad de ganar la gubernatura en nuestro estado, Enrique Alfaro y Miguel Castro, han coincidido en centrar su campaña en un tema muy importante: el empoderamiento y la participación de la ciudadanía en la gestión de lo público.

Para la ciudadanía, estas propuestas no son novedosas, de hecho son respuesta a la exigencia que venimos haciendo desde hace varios años de que se abra el gobierno, que nos permita ver qué hacen las personas a las que les delegamos nuestro poder y que nos permita intervenir en aquellas ocasiones en que nos damos cuenta de que su labor es ineficaz o insuficiente.

De un modo u otro, tanto Alfaro como Castro han reconocido que en Jalisco ya no es posible gobernar sin incluir a la ciudadanía en la toma de decisiones, especialmente cuando la propia población tiene más información y conoce mejor el contexto del problema que los propios funcionarios.

Es decir, estamos pasando de un paradigma en el que asumíamos que el gobierno lo sabía todo y podía resolverlo todo, y sólo teníamos que evitar estorbar, a uno en el que reconocemos que nadie lo sabe todo, pero tampoco lo ignora todo, y que, por lo tanto, a pesar de todos los recursos que el gobierno tiene, se puede equivocar en su diagnóstico o puede ser incapaz de poner en marcha la solución de los problemas públicos.

Como sociedad nos hemos dado cuenta de que tenemos mucho que aportar en el análisis y tratamiento de los problemas que nos aquejan, y poco a poco nos hemos ido involucrando, abriéndonos los espacios necesarios para participar y gestionar los asuntos públicos, pese a que muchos funcionarios se sienten molestos y ofendidos por la intromisión ciudadana en lo que consideran sus asuntos.

De modo que no es extraño que las propuestas que se hacen en el marco de las campañas electorales vayan en el sentido de confirmar lo que la ciudadanía ha construido. Sería ilógico e insensato proponer algo en sentido contrario, especialmente cuando la sociedad civil ha tomado conciencia de su capacidad de presionar de manera articulada y estratégica a la clase política.

Ahora bien, el problema es que resulta difícil de creer en el discurso electoral de Alfaro y Castro, cuando tenemos antecedentes tan inmediatos de la falta de voluntad política de los partidos que los postularon a la gubernatura, para atender con seriedad asuntos que son tan importantes para la sociedad jalisciense.

Vamos, ¿cómo podemos creer que quieren refundar el pacto social en nuestro estado o aceptar que les indiquemos qué deben hacer cuando ambos partidos, MC y el PRI, bloquearon la designación de la magistrada anticorrupción, con lo que tienen atorado un elemento fundamental del sistema anticorrupción?

¿O cómo esperan que creamos, si MC y el PRI decidieron postergar las reformas necesarias para que contemos con una Fiscalía General autónoma e independiente, hasta después de las elecciones, al parecer para permitir que el gobernador electo tenga mano en la designación de su titular? ¿Así entienden el mandato de la ciudadanía y la necesidad de cambiar la relación entre la ciudadanía y las instituciones? ¿No es eso más de lo mismo?

En resumen, si MC o el PRI desean que aceptemos su discurso y les demos nuestros votos deben mostrar su congruencia antes de la jornada electoral, (1) reformando las leyes para que contemos con una Fiscalía General autónoma e independiente, asignándole recursos suficientes, y cuya titularidad se determine mediante un mecanismo meritocrático, llevado a cabo por el Comité de Participación Social; (2) nombrando la magistrada anticorrupción y (3) reasignando al Sistema Anticorrupción un presupuesto conveniente.

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@albayardo

JJ/I