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Resaltan labor de la Granja Forense

Resaltan labor de la Granja Forense

En medio de la crisis humanitaria de desapariciones en México, el artículo La Granja Forense del Centro Universitario de Tonalá como tecnología análoga para el desarrollo de nuevas herramientas de búsqueda de personas desaparecidas y localización de fosas clandestinas da cuenta que este espacio genera datos científicos clave para enfrentar la crisis forense al permitir el estudio directo de fosas clandestinas y procesos de descomposición en distintos entornos.

A diferencia de los modelos digitales o de laboratorio cerrado, la Granja Forense opera como un espacio físico experimental, donde los procesos biológicos y ambientales pueden observarse de manera continua, según el trabajo académico publicado el mes pasado y autoría de las investigadoras Denisse Ayala Hernández, Teresita de Jesús Bustamante Flores y Alma Cristina Padilla De Anda.

El trabajo resalta que en el sitio la descomposición de los cuerpos, los cambios en el suelo, la actividad de insectos y las variaciones de temperatura y humedad se desarrollan en tiempo real, lo que permite registrar información que difícilmente puede obtenerse mediante simulaciones abstractas.

Esta característica, añade, convierte a la Granja Forense en una fuente directa de datos empíricos, fundamentales para comprender cómo el entorno modifica y oculta los restos humanos. 

El estudio subraya además que dichos datos son especialmente valiosos en un país donde la información oficial sobre fosas clandestinas suele ser incompleta, sin detalles sobre profundidad, tratamiento del cuerpo o condiciones del terreno.

El proyecto experimental, desarrollado en colaboración con la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de Jalisco (Cobupej), recrea escenarios reales de inhumación documentados en la entidad. 

Para ello se utilizaron cadáveres de cerdo (Sus scrofa domestica) como modelos de simulación, sometidos a distintos tratamientos: cuerpos completos y seccionados, con cal, colocados en bolsas, envueltos en cobijas, quemados y en estados de reducción esquelética.

Además, se excavaron 16 fosas a profundidades de 0.75 y 1.25 metros, lo que permitió analizar cómo variables como la profundidad y el tipo de entierro influyen en la descomposición y en las señales que quedan en el terreno. Estos datos, generados bajo condiciones controladas pero realistas, aportan información clave para mejorar la detección de fosas clandestinas en búsquedas reales.

El estudio destaca que la Granja Forense no sustituye la tecnología digital, sino que la pone a prueba. En el espacio se emplearon drones para fotogrametría, sensores térmicos y espectrales, georradar de penetración terrestre, análisis fisicoquímicos del suelo y estudios de entomología forense. Al utilizar estas herramientas en un entorno que simula condiciones reales, los investigadores pueden evaluar cuáles funcionan mejor y bajo qué circunstancias.

Aunque el proyecto enfrenta limitaciones importantes, como la falta de presupuesto, personal y la interrupción del seguimiento experimental, los datos obtenidos hasta ahora confirman su valor estratégico para el fortalecimiento del sistema forense, concluye el artículo. 

jl/I

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