Cuando se propaga de idea de que el valor de un individuo o de una nación se mide en términos de su comparación con los demás individuos o naciones, buscamos centrarnos en la idea de competitividad y del poder que ésta nos otorga con respecto a los demás. Carl Von Clausewitz afirmó que la guerra era la política por otros medios y lo mismo podríamos decirlo con respecto al poder económico. La invasión estadounidense en Venezuela echa por tierra cualquier noción de Estado de Derecho, Democracia, Soberanía o incluso de la dignidad humana inherente a cada persona.
Al centrarnos en el poder económico, militar y tecnológico, la razón de la fuerza destroza cualquier fuerza de la razón; la “competitividad” se concentra en la capacidad de imponer a los demás la preminencia total de los intereses dominantes. Es la lógica que han desplegado los imperios a lo largo de la historia, sea del romano, español y portugués o de los británico, francés, holandés o belga. De algún modo, fue la lógica expansionista de los imperios chino, japonés o incluso azteca o inca. Subyace una idea: “si te puedo someter, soy superior a ti y tengo a derecho a controlarte, a ti y todos los recursos de que disponías, y que ahora se utilizarán en función de mis intereses”.
Los imperios no representan a los intereses sociales de la nación imperial. Durante la colonia, España no dejó de ser una nación predominantemente pobre, de la misma manera que en los Estados Unidos existen cerca de 40 millones de personas en situación de pobreza. La lógica de la superioridad siempre ha sacrificado la cohesión social y las condiciones para que podamos vivir dignamente como comunidad humana, tanto al interior de las naciones como entre ellas. El desgarramiento de la cohesión propicia permanentemente nuevos conflictos y violencia masiva.
México se encuentra en la boca del lobo y económicamente está sometido a la economía norteamericana, sea en lo comercial, las inversiones, las tecnologías empleadas, las finanzas, reservas monetarias, etc. Este 2026 las expectativas económicas girarán en torno a la especulación que se genere con respecto a la revisión del Tratado Comercial entre Canadá, los Estados Unidos y México (TMEC).
Teóricamente las negociaciones en torno al TMEC deberán girar en torno a los intereses comunes de las tres naciones y la mejora socioeconómica de cada nación. Sin embargo, la historia del tratado previo (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, 1994-2018) muestra resultados muy lejanos a tal búsqueda de mejora. Ahora, la situación es peor: ¿Cómo negociar con los Estados Unidos en condiciones de supuesta igualdad cuando la desigualdad es tan flagrante y estamos amenazados (al igual que los colombianos) para someternos totalmente o atenernos a las consecuencias? ¿Cómo actuar en términos diplomáticos y de beneficios recíprocos, cuando a nivel global no hay respuesta seria alguna ante la exhibición más burda de la brutalidad del poder de la fuerza?
Pese a todo, nos queda la fuerza de la indignación y la constatación de que el mundo sigue dando vueltas y nada es para siempre.
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