Con un formato camerístico y un programa cuidadosamente curado, un ensamble de 12 músicos de la Orquesta Típica del Estado de Jalisco dio inicio al ciclo 2026 de los Martes Musicales, organizado por la Secretaría de Cultura de Jalisco, en la Sala Higinio Ruvalcaba del Ex Convento del Carmen.
La propuesta marcó un giro hacia una escucha más íntima y reflexiva del acervo musical mexicano, en diálogo directo con la vocación acústica y las dimensiones del recinto.
Bajo la dirección de René Nuño, la agrupación ofreció una lectura contenida de su repertorio habitual, privilegiando el intercambio entre líneas solistas y el equilibrio sonoro. El concierto congregó a cerca de 140 personas al interior de la sala, que lució llena, mientras que alrededor de 50 asistentes más siguieron la presentación desde el patio del Ex Convento del Carmen mediante una proyección en pantalla. La velada, además, será transmitida próximamente por la señal de Jalisco TV, ampliando su alcance más allá del espacio físico.
La apertura estuvo cargada de simbolismo con el vals ‘Amor mío’, de Higinio Ruvalcaba, interpretado como homenaje al compositor jalisciense en el marco del aniversario 50 de su fallecimiento, conmemorado en enero, y en una sala que lleva su nombre. Para la ocasión se realizó un arreglo especial que subrayó el carácter lírico y concertante de la obra.
El programa continuó con la ‘Gavota’, de Manuel M. Ponce, reafirmando el vínculo con la tradición académica nacional, para luego transitar por distintas atmósferas con ‘Un cielo para ti’ y ‘Luna de amor’, de Gori Cortés, piezas que van del lirismo cercano al vals a un lenguaje rítmico con guiños al foxtrot y a la música gitana.
El vals ‘Dios nunca muere’, de Macedonio Alcalá, funcionó como eje de retorno antes del contraste que supuso el pasodoble ‘España Cañí’, de Pascual Marquina.
En la recta final, el ensamble retomó el repertorio más identificable de la Orquesta Típica con ‘Llano grande’ y ‘Alazanas’, de Rubén Fuentes, seguido del danzón ‘Juárez’, de Esteban Alfonso, y el bolero ‘Amorcito corazón’, de Manuel Esperón. A petición del público, se ofreció un popurrí con fragmentos del ‘Jarabe Tapatío’, ‘Las Chiapanecas’, ‘Huapango de Moncayo’ y la ‘Pequeña Serenata de Mozart.
La alineación reducida –quinteto de cuerdas, guitarra, mandolina, oboe, clarinete, trompeta, trombón y percusión– permitió resaltar el protagonismo individual de los instrumentos, con especial presencia de la mandolina como timbre distintivo.
Así, los Martes Musicales retomaron actividades con una propuesta sobria que confirmó la versatilidad de la Orquesta Típica y la riqueza de la música mexicana.

CAMBIOS. La propuesta marcó un giro hacia una escucha más íntima y reflexiva del acervo musical mexicano. (Foto: Especial)
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