Parece que en el Siapa confundieron el concepto de “vital líquido” con el de experimento biológico. Académicos de la Universidad de Guadalajara pusieron el grito en el cielo ante el agua turbia y maloliente que brota de los grifos en el Área Metropolitana de Guadalajara.
El catálogo hídrico incluye algas, restos vegetales y microorganismos que, en teoría, deberían haber desaparecido con una buena potabilización. Lo más inquietante es que el problema ya no es exclusivo del sistema antiguo de Chapala, pues la Presa Calderón también está enviando sus propias “sorpresas” microscópicas a los hogares.
La pregunta que flota en el aire, además del olor fétido, es por qué las autoridades no han emitido una alerta sanitaria. Aída Alejandra Guerrero, experta del CUTonalá, advierte que enviar agua no tratada es jugar con la salud de la población, especialmente cuando los análisis confirman la presencia de microbiota que podría ser tóxica.
Mientras el Siapa guarda silencio, los expertos sugieren una regla de oro para los ciudadanos: si el agua no es transparente e inodora, mejor no usarla.
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Parece que el director del Siapa, Antonio Juárez Trueba, tiene otros datos o, al menos, otras agendas. Resulta que el funcionario volvió a dejar plantada a las y los diputados, cancelando su comparecencia que se realizaría hoy.
Mientras cientos de colonias reciben un líquido que parece más caldo que agua, el responsable de explicar el porqué de la contaminación prefiere el silencio y la ausencia, una actitud se interpreta como un claro desplante y falta de responsabilidad hacia las familias tapatías.
La sesión extraordinaria que estaba pactada para este 19 de marzo se fue por el desagüe debido a que el funcionario simplemente avisó que no asistiría. Este “incumplimiento” solo alimenta la indignación ciudadana, pues mientras la transparencia brilla por su ausencia, el agua turbia sigue llegando a miles de hogares.
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Tras una inversión de 70 millones de pesos para remodelar la Glorieta La Minerva, los resultados tienen a los vecinos con el ceño fruncido. Aunque el gobierno de Guadalajara presume la plantación de más de 9 mil ejemplares vegetales –entre agapandos enanos, rosales y azaleas–, la pregunta es por qué no se consideró esa vegetación desde el inicio.
Lo que debía ser una reinauguración triunfal en enero, tras cuatro meses de polvo y cierres, ha terminado en una serie de “garantías de obra” que no convencen. Los residentes extrañan la frescura de los jardines anteriores. Por ahora, la acumulación de desechos y la vegetación marchita son la cara que ofrece la glorieta a los visitantes. Esperemos que ahora sí sea la remodelación definitiva.
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Parece que el sarampión finalmente está perdiendo fuerza en las escuelas de Jalisco, o al menos eso indica el secretario de Educación, Juan Carlos Flores Miramontes. Actualmente, el reporte arroja apenas 23 planteles con casos activos, una cifra que suena a gloria si consideramos que más de 100 escuelas han pasado por este calvario desde que inició el brote. Lo mejor del caso es que los contagios están tan controlados que se limitan a un solo grupo por plantel, con un promedio de apenas un alumno infectado por escuela.
La clave del éxito, según las autoridades, no solo han sido las campañas intensivas de vacunación, sino también el juicio de los padres de familia que ya no mandan a los niños con síntomas a clases. Con las vacaciones a la vuelta de la esquina, el plan es no bajar la guardia y reforzar la vigilancia. Por ahora, el marcador va a favor de la presencialidad, recuperando más aulas de las que se van a suspensión.
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