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La sabiduría del agua

El pasado 22 de marzo, mientras se celebraba el Día Mundial del Agua, en el estrecho de Ormuz “los señores de la guerra” bombardeaban barcos enemigos sin considerar el ecocidio que provocan en aguas internacionales; en las costas de Campeche y Veracruz aparecían manchas de hidrocarburos que ocasionaron la muerte de cientos de especies; en el Área Metropolitana de Guadalajara habitantes de diversas colonias se manifestaban contra el Siapa por la pésima calidad del agua que reciben en sus hogares. Cuando el líquido vital no fluye con claridad, ¿podemos afrontar pacíficamente los conflictos que se desatan?

Dependiendo la forma de entender los problemas serán las alternativas que se pongan en marcha. Con relación al agua, hay quienes la piensan como un problema de tecnología priorizando la construcción o el mantenimiento de redes de distribución y plantas de tratamiento; los que la entienden como un recurso, buscan maximizar la explotación de las fuentes disponibles o apropiarse de otras tantas; ecologistas y defensores de la Naturaleza se proponen mantener vivos los ríos, lagos o manglares porque saben el peligro que representa su destrucción. Cabe preguntarse entonces: ¿qué capacidades, saberes, prioridades o voluntades deben estar presentes para hacer un manejo sustentable del agua?

Frente al colapso hídrico que vivimos, Joaquín Araujo (https://acortar.link/p9HU05) propone “recuperar la sabiduría del agua”. Nuestros ojos –aclara– son dos canicas de agua, nuestro cerebro es un charco de neuronas, las arterias son redes por las que circula 70 por ciento del agua que nos constituye, nuestro sudor se suma al vapor de las nubes, diariamente necesitamos consumir entre 1.5 y 2 litros de agua.

El agua es un lujo del planeta. Su sabiduría es ilimitada. Es el elemento más original del cosmos capaz de hacer todas las cosas: los paisajes, la atmósfera o los hongos. Su sabiduría está dada por todo lo que hace, incluso cuando destruye con ciclones, tornados y huracanes porque, al igual que Gaia, es tremendamente generosa con sus creaciones y despiadada cuando se defiende de los daños que le provocamos.

Pero el agua, más que en otros tiempos, está amenazada. Lejos de ser objeto de veneración, hoy se banaliza como un recurso susceptible de explotación –aclara Araujo–. El agua tiene sed de sí misma porque el calor del sol ha dañado el equilibrio de sus ciclos. La sabiduría del agua no está en los libros, hay que encontrarla en la escarcha, el rocío, los glaciares…

Paz es aprender de la sabiduría del agua. Es sabia porque tiende a con-fluir. Nos enseña que somos hermanos de agua y de todas las formas de vida: cebollas, liebres o mariposas. Somos parte del ciclo del agua, no es un proceso externo que se pueda gestionar sin involucrarnos. En cada uno de nosotros hay agua que fue agua de otras formas de vida.

Somos agua que piensa y confluye. Mientras nuestra relación con el agua se reduzca a la que sale de la llave, no entenderemos la sabiduría que encierra un par de moléculas de hidrógeno unidas a una de oxígeno.

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jl/I

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