Un nuevo complejo comercial e inmobiliario, Distrito La Perla, se erigirá sobre las cenizas de Kodak. El conglomerado de tiendas, parques urbanos, oficinas corporativas y edificios con plusvalía para los desarrolladores sustituirá a una fábrica que durante más de 40 años suministró de cámaras y películas fotográficas a México y otros lares.
El último día de noviembre de 2012, la planta manufacturera de tecnología cerró sus puertas –aunque mantuvo su operación para el mercado de imágenes clínicas, Carestream–. Los teléfonos inteligentes y las cámaras digitales, entre otros artefactos, paralizaron a la empresa y dejaron a miles de trabajadores sin empleo. El mercado fue implacable con Kodak, víctima de una innovación que no se supo detectar a tiempo.
Ahora, las 45 hectáreas de terreno, repletas de edificios color naranja y con grandes extensiones de árboles robustos y césped recién bañado, se destinarán a un proyecto que, se asegura, será una nueva fuente de trabajo que ya no se perderá.
Pablo Lemus, presidente municipal de Zapopan, aseguró que habrá más de 100 mil empleos: 65 mil indirectos, 25 mil directos y 20 mil permanentes.
El alcalde zapopano destacó la importancia de los desarrollos sustentables y lamentó que la ciudad que gobierna sea la cuarta del país con mayor riqueza, pero la segunda con mayor desigualdad social. Lo decía mientras los flashes de los celulares capturaban su imagen en el estrado, esos dispositivos que Kodak entendió demasiado tarde que no sólo servían para hacer llamadas.
Santos Maisterra, uno de los impulsores del proyecto Distrito La Perla, expuso que este desarrollo “derribará los actuales muros perimetrales y permitirá el acceso público; dará un tratamiento integral del uso del agua, un gran parque público en el corazón del desarrollo, estacionamiento y vialidades alternas suficientes para absorber el flujo vehicular, y autosuficiencia en materia energética”.
La Perla se presentaba en sociedad ante una congregación de empresarios y autoridades vestidos de traje, pero las instalaciones de la Kodak parecían suspirar con aire helado sobre un pasado noble, con obreros que le entregaron años de su vida a esos edificios y, al final, fueron finiquitados para darle espacios a trabajadores eventuales que ganaban 120 pesos al día. Obreros que fueron liquidados, algunos, con sólo 5 mil pesos, al ser recontratados por grupos de outsourcing para pagarles menos.
Mientras los allí reunidos hablaban de las maravillas del nuevo proyecto, en la ciudad tembló. Nadie lo sintió, pero el grupo de personas evacuó un edificio mientras las alarmas sonaban una y otra vez durante varios minutos.
Esas alarmas marcaron la cuenta regresiva para que Kodak sea definitivamente enterrada, en la mayoría de su terreno, por este desarrollo urbano cuya promesa será devolverle los espacios públicos a una ciudad dominada por el tráfico y el caos.
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