Para pedir a la Federación (con 70 delegaciones y representaciones en Jalisco), a los municipios y a los grandes consumidores de agua que regularicen sus adeudos con el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa), el gobierno del estado anunció que quiere poner el ejemplo. Porque tiene una deuda de 207.5 millones de pesos con el organismo, acumulada desde 2006, lo cual se lo tenían calladito esta y anteriores administraciones… hasta que estalló las crisis (en plural) del organismo; entre ellas, las cuentas de los morosos.
La Secretaría de Administración concentra 72.29 por ciento del adeudo estatal; la de Educación, 14.46; y la de Salud, 12.05, y ya iniciaron acercamientos con el Siapa para ponerse a mano. ¿Y el gobierno federal como para cuándo?, ¿y las empresas que se sabe pagan tarifas comerciales o residenciales más bajas, en lugar de la industrial que les toca? El Siapa es como una enorme ubre a la que muchos están pegados…
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Algunos expedientes de factibilidades del Siapa no pudieron ser consultados, según señaló el Órgano Interno de Control en la auditoría que realizó en 2022, porque resulta que estaban mojados. En los señalamientos se afirma que los documentos presentaban daños y deterioro donde fueron resguardados, pues durante el temporal se mojan o humedecen, ya que las ventilas de la bodega estaban quebradas.
Así que si usted enfrenta problemas con la lluvia, que le quede de consuelo que también el Siapa.
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Aunque para el Ipejal no hay impedimento legal para que Fernando Quesada tenga dos chambas, como director del organismo e integrante del Consejo de Administración de banco Santander, la Ley General de Responsabilidades Administrativas dice lo contrario. Dicha ley, que aplica a todos los servidores públicos del país, precisa que debió separarse de cualquier otro empleo que afectara el ejercicio de sus responsabilidades, antes de asumir como funcionario.
Y es que el Ipejal realiza inversiones con la banca privada, así que no parece que sean dos trabajos alejados entre sí.
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El acto sabatino que encabezó la alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo, no fue un acto de precampaña… pero casi-casi-casi. Un milímetro más y brinca la rayita. Las palabras prohibidas de pronunciarse ante los militantes naranjas fueron “campañas”, “elecciones”, “votos” y “candidata”, para que luego no anduvieran la oposición acusándolos de organizar campañas fuera de tiempo.
Aunque sí hubo frases que, a buen entendedor, eran claras: “Estamos a punto de empezar una nueva etapa, estamos a punto de enfrentarnos a un nuevo reto, estamos a punto de vivir una vez más un nuevo capítulo de la ciudad (...) Aquí no entra la discordia, ni la grilla”. En eso se parecen el partido naranja y Morena Jalisco, por ejemplo, porque hay guindas que se autodestapan (v. gr. senador Carlos Lomelí), pintan bardas, reparten propaganda, etcétera. Obvio, nadie reconoce que, a la chita callando, ya están en campaña anticipada… y disfrazada.
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La crisis de desapariciones genera otras crisis; una, la desaparición de jóvenes. Solamente en julio se reportaron en Jalisco 45 desaparecidos con edades entre 15 y 19 años. 31 siguen ausentes y, de estos, únicamente 21 cuentan con carpeta de investigación. Cualquiera se apachurra con cada desaparición.
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