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La respuesta más importante

En una reciente conversación con la doctora Paula Barbosa, académica del ITESO con casi tres décadas de trayectoria al frente de alumnos desde el preescolar hasta el doctorado, señaló que en sus años como docente ha identificado que los pequeños gestos pueden hacer grandes cambios en el desarrollo de los alumnos


“Si te escondes en la pregunta, la respuesta te encontrará”, publicó en sus redes sociales Charlie Gilbert, un profesor de matemáticas en una escuela secundaria interpretado por Owen Wilson en la película ‘Cásate conmigo’. En esa comedia romántica de 2022 se observa cómo un hombre acompaña a su hija en el ámbito familiar y académico, tratando de adaptarse al entorno de la adolescente, una tarea que muchas madres, padres y tutores han adoptado como una exigencia. Pero cuántas veces nos hemos formulado la pregunta equivocada sin encontrar la respuesta más importante: ¿qué le preocupa a nuestros hijos?

La cadena del conocimiento no deja de unir eslabones que se superan unos a otros, pero desde la creación de la escritura –hace ya algunos milenios– hasta la inteligencia artificial –que ha revolucionado la forma en que percibimos la información ahora– hay un elemento irremplazable que se mantiene constante: la educación como vínculo amoroso, ya sea desde la docencia o desde la responsabilidad parental. Es, en síntesis, entrega.

En una reciente conversación con la doctora Paula Barbosa, académica del ITESO con casi tres décadas de trayectoria al frente de alumnos desde el preescolar hasta el doctorado, señaló que en sus años como docente ha identificado que los pequeños gestos pueden hacer grandes cambios en el desarrollo de los alumnos, y todo parte del interés genuino por saber cómo están esos niños, niñas y jóvenes, qué está pasando con ellos, cuáles son los entornos digitales que los están formando o qué papel quieren desempeñar en el mundo.

Ahora parece que todas las respuestas las tenemos en la palma de la mano. Y sí, desde que tenemos dispositivos electrónicos a nuestro alcance, así parece. Pero no podemos respondernos, por ejemplo, cuánto sabemos de los demás, y una sola respuesta podría contener el universo de otra persona si se formula la pregunta correcta.

La profesora comparte que las herramientas tecnológicas que ahora tienen a la mano los estudiantes han creado una generación con mayor acceso al conocimiento, pero que otras, como la inteligencia artificial, les han robado la capacidad de crear sus propias respuestas; una preocupación creciente en muchos sistemas educativos, de ahí que se cuestione el uso de la tecnología al interior de las instalaciones académicas en diversos países, incluido el nuestro.

Albert Einstein decía que la creatividad es la inteligencia divirtiéndose y que la imaginación podía llevarte a todas partes. Es justamente la imaginación lo que nos permite pensar desde el interior; es esa lucha contra el algoritmo en el que ahora vivimos y que, por muy eficiente que sea, no cuenta con marcos éticos reguladores para que las herramientas de la inteligencia artificial y el entorno digital en que viven los estudiantes sean seguros.

Muchas veces, como padres, tutores o docentes, asociamos el desarrollo del pensamiento crítico al conocimiento, a la formación académica; sin embargo, es la reflexión la que le permitirá a cada persona adquirir y gestionar valores que la acompañen el resto de su vida, y eso requiere acompañamiento en el proceso formativo, porque, como destaca la profesora Barbosa, en la crianza se construye a un individuo y se requiere de una exigencia para la que no siempre hay reconocimiento, pero cada esfuerzo dentro y fuera del aula vale la pena.

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GR

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