La crisis del INE exhibe los riesgos de la corrupción, la captura de las instituciones y la descalificación de la prensa crítica. Para el analista Juan Carlos Núñez Bustillos, recuperar la confianza electoral exige algo más que una renuncia; requiere voluntad democrática.
La democracia necesita instituciones confiables, autoridades independientes, medios de comunicación críticos y, sobre todo, ciudadanos convencidos de que su voto cuenta y de que existen condiciones para elegir libremente a sus gobernantes. Cuando alguno de estos elementos se debilita, lo que está en riesgo no es únicamente un organismo público, sino la credibilidad de todo el sistema democrático.
Esta es una de las reflexiones que compartió el periodista y académico Juan Carlos Núñez Bustillos durante una conversación en el programa de radio ‘Kairós’, de Apostolicus 1370, al abordar la crisis del Instituto Nacional Electoral (INE), a propósito de la salida de Guadalupe Taddei y los señalamientos de presunta corrupción que han rodeado su gestión.
Uno de los primeros aspectos que destacó fue el papel de los medios de comunicación críticos. Subrayó que fueron investigaciones periodísticas de medios como Latinus y Reforma las que hicieron públicos los señalamientos sobre presuntas irregularidades en el instituto. Su reflexión va más allá del caso concreto: cuando el poder descalifica sistemáticamente a los medios que lo cuestionan, debilita uno de los contrapesos indispensables de cualquier democracia.
Núñez Bustillos señaló la contradicción de quienes antes expresaron públicamente su confianza en la honestidad e integridad de Taddei y ahora parecen desconocer cualquier cercanía política con ella. Recordó las declaraciones de Andrés Manuel López Obrador, Mario Delgado, Ignacio Mier y Citlalli Hernández, quienes en su momento respaldaron su llegada al organismo electoral.
Sin embargo, para el analista el asunto no termina con una renuncia. Hay dos cuestiones fundamentales: investigar y, en su caso, sancionar las posibles responsabilidades, y recuperar la confianza en el INE. La salida de una funcionaria no puede convertirse en una solución política que deje intactas las prácticas que permitieron las irregularidades. La justicia, advirtió, debe actuar sin distinciones partidistas.
Señaló que México tuvo que atravesar crisis políticas, cuestionamientos a los resultados electorales y una larga exigencia social para que la organización de las elecciones dejara de estar bajo el control del gobierno. La transformación del IFE y posteriormente la creación del INE fueron resultado de esa búsqueda de independencia.
En este punto, Núñez Bustillos identificó uno de los principales problemas: los partidos políticos han intentado colocar a personas cercanas a sus intereses en los espacios que deberían garantizar imparcialidad. Si los partidos quieren jugar limpio, deberían estar interesados en tener un árbitro limpio. Si buscan obtener ventajas, procurarán que el árbitro juegue a su favor.
También llamó la atención sobre la ausencia de una cultura política basada en el diálogo, la congruencia y la capacidad de construir acuerdos. Al recordar al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, destacó cualidades que parecen escasear en la vida pública: respeto al adversario, responsabilidad, firmeza en los principios y disposición para dialogar. Resulta paradójico, señaló, que muchos políticos le rindan homenaje después de su muerte, cuando sus propias prácticas están tan alejadas de ese estilo de hacer política.
La elección de quienes integren y conduzcan el INE no debería resolverse mediante imposiciones de mayorías, se necesita un perfil independiente, con conocimiento, autoridad moral y verdadera vocación democrática.
Esta crisis no debe entenderse como un pleito entre políticos. Nos concierne a todos. Nuestra credencial para votar nos vincula con una institución cuya responsabilidad es garantizar las condiciones para ejercer un derecho fundamental. Si la desconfianza crece, también puede crecer la apatía y el abstencionismo.
Enfatizó Núñez Bustillos que la democracia necesita ciudadanos que no se resignen, periodistas que investiguen, instituciones que rindan cuentas y políticos capaces de reconocer que el poder no les pertenece.
“El desafío es recuperar la confianza antes de que la desconfianza termine por alejarnos de las urnas. Cuando los partidos pierden de vista su responsabilidad democrática por ganar elecciones, todos terminamos perdiendo”.
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