En medio de la alegría, esperanza y celebraciones por la derrota de los sectores más conservadores de la política estadounidense, un ejercicio colectivo de memoria ejemplifica el sentir ciudadano frente al dolor provocado por las políticas antimigrantes del presidente Donald Trump. Después de votar, ciudadanos acudieron a los sitios donde diversas personas perdieron la vida por disparos de agentes federales de inmigración para dejar sus calcomanías de “I Voted”, “Yo voté”.
En Houston, Ronaldo Salgado dejó su calcomanía en el memorial para su padre, el señor Lorenzo Salgado Araujo, quien era un trabajador mexicano de la construcción. Había vivido cerca de 35 años en Estados Unidos y murió por disparos de un agente de ICE cuando se dirigía a trabajar. En Minneapolis, los distintivos del voto se colocaron en los memoriales de Renee Good y Alex Pretti, ambos ciudadanos estadounidenses. Good era poeta y madre de tres hijos; Pretti, enfermero de cuidados intensivos en un hospital para veteranos. Ella murió por disparos de un agente de ICE y él por disparos de la patrulla fronteriza. Las calcomanías se sumaron a flores, fotografías y palabras de afecto y denuncia: “No le digas a alguien que lo amas y votes por personas que le hacen daño”, “una voz se convirtió en miles”, “recordaremos”, “estamos contigo”, “protéjanse unos a otros” y “justicia”.
El discurso estigmatizante contra las personas migrantes se tradujo en órdenes presidenciales, leyes aprobadas por el Congreso, presupuestos y operativos policiales. La Ley Laken Riley amplió los supuestos de detención migratoria obligatoria sin exigir previamente una investigación penal. En 2025 se aprobaron 45 mil millones de dólares adicionales para ampliar la capacidad de detención; el gobierno retiró restricciones administrativas que limitaban actuaciones migratorias en escuelas, hospitales e iglesias. Ni siquiera respetaron las llamadas ciudades santuario.
La reciente jornada electoral modificó el mapa político de Estados Unidos, los resultados dieron a los demócratas el control de ambas cámaras del Congreso. La elección también dejó una representación de comunidades históricamente excluidas, lo que muestra un avance frente al rezago histórico en la composición democrática del gobierno: Keisha Lance Bottoms, electa en Georgia, será la primera mujer afroamericana en gobernar un estado del país; Deb Haaland, en Nuevo México, la primera mujer indígena en ocupar ese cargo; y Gina Hinojosa será primera gobernadora latina de Texas.
La recuperación demócrata puede leerse como un voto de castigo ante las políticas migratorias que provocaron rechazo en amplios sectores sociales, incluidas las juventudes de origen latino que manifestaron su preocupación por las redadas y su decisión de votar pensando en familiares que no podían hacerlo; el pueblo norteamericano logró una representación más diversa que puede cambiar las leyes y prácticas que permitieron los abusos y violencia ejercida contra las personas migrantes y la ciudadanía solidaria.
Los mensajes que acompañan los memoriales muestran el dolor por las vidas arrebatadas, pero también esperanza: “votando por quienes no pueden votar - hija de un inmigrante” y “votamos por un futuro mejor” se puede leer junto a los cientos de calcomanías de “Yo voté” que fueron colocadas al término del proceso electoral
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