¿Quién iba a decir que son los aliados de Morena, el Partido del Trabajo y Partido Verde, los que por ahora están poniendo a tambalear la reforma electoral en México, al negarse a votar si se reduce una sola diputación plurinominal, vía por la cual llegaron la mayoría de las curules que tienen estos partidos, conocidos por alianzas acomodaticias a lo largo de su historia?
Estos jaloneos revelan un fenómeno propio de la evolución de los movimientos políticos. Aunque no es una categoría consolidada en las ciencias sociales, algunos lo han denominado “oposición endógena”, término usado particularmente en el contexto venezolano, pero útil para comprender esas fracturas internas. En biología o geología, lo endógeno alude a procesos que se generan dentro del organismo o de la corteza terrestre.
Trasladado al ámbito de la política, describe la oposición que surge dentro de los bloques dominantes, ya sean partidos, coaliciones o movimientos políticos, sobre todo cuando la oposición externa es débil, lo cual ocurre actualmente con el PAN y el PRI, que no representan riesgo alguno –por ahora– contra Morena y sus aliados.
Ese tipo de movimientos que cuentan con una alta rentabilidad electoral, también significan acceso privilegiado a candidaturas y cargos públicos en los distintos niveles de gobierno –federal, estatal y municipal–. En ese contexto, los desencuentros internos se intensifican, las corrientes, facciones o partidos dentro del movimiento comienzan a disputar espacios de poder y la competencia, que en otros escenarios se da entre partidos rivales, se traslada al interior del bloque dominante, en ocasiones de manera más feroz y decisiva que con los adversarios ideológicos.
Ante la negativa de sus consortes políticos para apoyar la reforma electoral, Morena debe tener tacto para no romper relaciones con ellos; no tanto porque los necesite en las urnas, sino porque su respaldo será indispensable en los procesos legislativos que se avecinan.
Por otro lado, las resistencias del Partido del Trabajo y el Verde, maestros consumados del pragmatismo, buscan asegurar su supervivencia. Las diputaciones plurinominales son su principal vía de acceso al Congreso federal, salvo en contados territorios donde podrían logran victorias por mayoría.
Vaya paradoja: el PT y el Verde jamás habrían alcanzado el peso legislativo actual sin su rol de satélites políticos de Morena, pero ahora son quienes están chantajeando al partido que les ha otorgado más poder que nunca en su historia.
Sería lamentable que, ante esas diferencias, la coyuntura se desaprovechara para discutir una reforma electoral de fondo. No se trata únicamente del tema de los plurinominales –que con todos sus pecados siguen siendo necesarios para garantizar pluralidad y representación política, como lo escribimos en este mismo diario–, sino de asuntos más urgentes que tienen que ver con establecer filtros más estrictos y requisitos legales que impidan el acceso a candidaturas de personajes con vínculos inconfesables y el combate al financiamiento ilícito. Esos son los verdaderos pendiente que, hasta ahora, el país no ha logrado resolver, aunque reformas electorales van y reformas electorales vienen.
*Profesor investigador de la UdeG
X: julio_rios
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