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Medios, redes y normalización de la violencia

Hace unos días leí un tuit de una distinguida comunicadora pública que cuestionaba cómo, en una noticia en video sobre un asesinato, se acompañaba de una publicidad de aceite automotriz. Su reflexión era contundente: hemos normalizado tanto la violencia que hasta puede ir acompañada de publicidad.

Ese comentario me cimbró. Medios de comunicación bajo una lógica capitalista, en la que la muerte y el consumo se confunden y conviven en el mismo plano sin incomodarnos.

Durante años hemos conocido muchos ejemplos en México de un modelo de periodismo que, en el afán del rating y hoy del like, reducen las víctimas a estadísticas. “Dos muertos, tres heridos, un detenido”. Olvidando las historias, familias, vidas truncadas que, salvo muy honrosas excepciones, rara vez se cuentan.

En las redes sociales la violencia circula sin filtros, y quienes la comparten en ocasiones no guardan el menor recato, con sarcasmo o indiferencia. Videos de peleas, agresiones, incluso ejecuciones, se viralizan y se consumen con la misma ligereza que un clip de humor. La lógica del algoritmo premia lo que genera impacto. Y pocas cosas generan más clics que la violencia. Y aunque nunca faltan los indignados, sus reclamos son como gotas en ese océano tóxico lleno de tiburones que se han vuelto algunas redes sociales.

Los productos culturales tampoco escapan. Series, películas, videojuegos o música en la que se lucra con la violencia. Por supuesto que no podemos ser ingenuos: es la realidad violenta la que inspira este tipo de contenidos. Sin ese fenómeno no existe su representación cultural. Pero también es real que algunos de esos productos van más allá de la simple exposición o reflejo cotidiano para pasar a la apología irresponsable.

Pero hay un camino distinto: el de la cultura de la paz, que nos invita a ser más conscientes, a reconocer la dignidad de cada persona, a entender que detrás de cada víctima hay una historia que merece respeto.

Los medios de comunicación tienen un papel crucial en este proceso a través del Periodismo de Paz, tema que por cierto se abordó en el pasado Encuentro Internacional de Periodistas en el marco de la FIL, en la mesa “El periodismo como herramienta para la construcción de la paz”, moderada por Jorge Robledo y en la que participaron Cristina Ávila Zesatti y Hugo Mario Cárdenas. Señalaron que este paradigma busca “eliminar la fascinación de la violencia” y “darle la vuelta al conflicto por medio de historias periodísticas sensibles y honestas”.

En México el Periodismo de Paz aún se practica poco; y varios medios siguen dando fuerte peso a la nota roja. Y como dijimos al inicio: hasta patrocinada. Aunque hemos avanzado en ciertos protocolos –por ejemplo, en no mostrar imágenes explícitas o en proteger la identidad de menores– todavía falta mucho para lograr coberturas verdaderamente humanas y empáticas.

La cultura de la paz también implica cuestionar lo que consumimos: ¿qué tipo de contenidos compartimos en redes?, ¿qué contenidos elegimos?, ¿qué mensajes transmitimos a las nuevas generaciones? Si seguimos aceptando la violencia como algo irremediable y cotidiano, corremos el riesgo de perder nuestra capacidad de indignarnos, de solidarizarnos y de exigir justicia.

Desde la trinchera de los medios, me quedo entonces con una gran frase de Ávila Zesatti en aquella mesa: “El periodismo no se termina si un día ya no hay masacres que contar”.

*Profesor-investigador de la UdeG con posgrado en Transparencia

X: @julio_rios

jl/I

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