Innumerables son las acusaciones, señalamientos y presiones que el gobierno de Donald Trump genera contra México por los enervantes que se reciben en su territorio provenientes de su frontera sur, pero no habla del jugoso negocio que representa para su país.
Sabido es que Estados Unidos es el principal consumidor de drogas ilegales en el mundo, con 70.3 millones de personas mayores de 12 años como consumidores, esto es 25 por ciento de su población, de acuerdo con datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
En términos monetarios, el mercado minorista en 2025, a lo largo del territorio de EUA, representó 146 mil millones de dólares, de los cuales 85 por ciento de las ganancias se quedaron en su sistema financiero, de acuerdo con el propio informe de la UNODC del pasado año.
Estos reveladores datos muestran con claridad que a Washington no le importa combatir el mercado de drogas, sino que esta ilícita actividad es utilizada como arma política contra gobiernos que no le son afines, como ahora lo es México.
La narrativa de narcogobierno y declarar a los cárteles mexicanos de las drogas como terroristas es punto toral de sus presiones para que la voluntad soberana se someta a sus designios.
Es claro que el problema que provoca trastornos por consumo de drogas en 25 millones de estadounidenses no es sólo el cártel foráneo; son los compradores y los distribuidores estadounidenses, no mexicanos ni latinoamericanos.
Claro que todo esto no importa para el descaro del presidente convicto, hoy desesperado por la brutal caída en su popularidad a escasos meses de las elecciones intermedias en su país.
AHORROS
La información dada a conocer por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) sobre exitosos ataques cibernéticos a instituciones bancarias con más de mil 955 millones de pesos perdidos en por lo menos 35 ciberataques en los últimos años es alarmante.
Registros de la CNBV revelan el empleo de diversas estrategias para vulnerar la seguridad de las instituciones financieras en cajeros automáticos, y manipulación física y programática de los equipos con hardware y software no autorizados.
El temor crece ante los avances de la inteligencia artificial que facilita a los ciberdelincuentes su ilícito trabajo, tal como lo advierte el Banco de México en su portal.
¿Hasta dónde crecerán los riesgos o hasta dónde se avanzará en medidas de protección? Está por verse.
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