El mexicano Gael García Bernal considera que Latinoamérica sigue funcionando como un gran laboratorio político, social y cultural, un espacio en el que afloran con especial claridad las pugnas ideológicas, pero también una extraordinaria capacidad para crear y resistir con pocos recursos.
“Hay algo del laboratorio que es y que ha sido Latinoamérica que lo vuelve muy especial”, afirmó García Bernal en una entrevista en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), donde acaba de presentar su tercer largometraje como director, ‘Hombre al agua’ al que definió como “una película muy difícil de describir porque es muy ambiciosa, muy díscola”.
Se trata, añadió, de “una comedia, bastante irreverente también”, con la que quiso hablar de una separación, la crisis de la masculinidad, el cuerpo político en Latinoamérica hoy en día y el amor como cuidado, como cuidados, como cuidado y ternura.
La historia sigue a Camilo, un salvavidas cubano que rescata en las playas de Varadero a un millonario mexicano. El empresario, explicó García Bernal, actúa “como un genio de la botella” y ofrece que le acompañe a México y concederle lo que quiera.
“Pero ese ofrecimiento y ese deseo vienen con un precio, y es lo que Camilo está por descubrir”, resumió.
A partir de ese intercambio entre quien salva y quien aparentemente devuelve el favor, García Bernal reflexionó sobre la presencia recurrente en América Latina de conceptos como salvación, rescate y reinvención.
Para el actor y director, ese carácter de laboratorio permite que en la región se hagan especialmente visibles las ideologías y los proyectos políticos que tratan de moldear sociedades y personas.
Esa reflexión se cruza en el filme con la experiencia migratoria de Camilo y con la progresiva pérdida de control sobre su propia identidad.
“Los cubanos hoy en día están sobreviviendo. Todos están sobreviviendo. Están sobreviviendo como pueden, de la manera en que pueden”, señaló García Bernal.
Camilo, añadió, termina poniéndose “al servicio de lo que quieren que las demás personas él sea” y adopta así un mecanismo que el cineasta asocia con la supervivencia de numerosos migrantes.
“Díganme qué quieren que yo sea y yo lo voy a hacer”, resumió.
“Son personas sin voz, los migrantes”, afirmó. “Por eso también son las personas más maltratadas y más inmediatamente canjeadas en cualquier negociación política”.
García Bernal rechazó, sin embargo, que eligiera a un cubano como protagonista porque Cuba representara una especia de resistencia ideológica frente al resto del continente.
A su juicio, los cubanos están “vacunados contra la ideología” o, como precisó inmediatamente, “vacunados de ideología”.
“La huelen a la distancia, la ven venir y dicen: ‘No’. Aquí no confían en nada”, señaló.
El otro gran componente político de la película es el mesianismo. García Bernal explicó que quiso construir un personaje que evolucionara hacia la figura de un dirigente convencido de ser capaz de conducir por sí solo a los demás.
Según García Bernal, la democracia parece haberse transformado en un ‘reality show’, un concurso de popularidad fuertísimo”, mientras las redes sociales amplifican figuras que prometen transformaciones sin aportar respuestas claras.
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