La presencia de mujeres en la industria cinematográfica ha alcanzado el 39%, reflejando un ligero avance respecto al año anterior y una evolución sostenida frente al 26% registrado en 2015. Sin embargo, este crecimiento contrasta con una profunda disparidad económica en los presupuestos de producción: los largometrajes dirigidos por hombres disponen, en promedio, de más del doble de recursos que los dirigidos por mujeres, según revela el informe anual de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (Cima).
El estudio evidencia que el coste medio de un largometraje bajo dirección masculina se sitúa en 3.38 millones de euros, mientras que en los proyectos con dirección femenina la cifra se reduce a 1.64 millones de euros. Esta brecha presupuestaria del 51.43% demuestra que la representatividad en las áreas creativas no ha venido acompañada de una equidad en la inversión financiera.
Desde la asociación se subraya, además, el denominado “efecto arrastre”: cuando una película es liderada por directoras o productoras, la presencia femenina en las jefaturas de equipo asciende al 55%, en comparación con el 40% registrado cuando la dirección recae en hombres. Esta dinámica convierte al liderazgo femenino en un motor directo para impulsar la contratación de mujeres en los distintos departamentos técnicos y creativos.
A pesar de estos avances, la distribución de puestos continúa mostrando un marcado sesgo. La presencia femenina cae hasta el 30 % en las áreas clave de dirección, guion y producción, y se desploma al 20% en los roles técnicos y estéticos. En contraste, las mujeres concentran la mayor ocupación en departamentos tradicionales como diseño de vestuario (83%), maquillaje y peluquería (78%) y dirección artística (63%).
Esta brecha de oportunidades fue señalada por la cineasta Alauda Ruíz de Azúa al recibir el Goya a Mejor dirección en 2026, quien recordó que en cuatro décadas del certamen solo tres mujeres habían obtenido dicho galardón: Pilar Miró, Isabel Coixet e Iciar Bollaín. Ruíz de Azúa enfatizó que, si bien el talento no tiene género, las oportunidades históricamente sí lo han tenido.
En el ámbito del reconocimiento, el panorama muestra avances significativos: mientras en 2015 solo el 11% de los premios en grandes festivales nacionales e internacionales eran otorgados a mujeres, para 2025 la cifra escaló al 46%, beneficiando a 38 de cada 100 directoras o guionistas.
Por último, el informe advierte sobre el “edadismo de género” en la interpretación, donde la presencia femenina disminuye drásticamente a medida que aumenta la edad. Mientras que en el rango de 30 a 50 años las actrices representan el 47.34%, la cifra cae al 38.52 % en mayores de 50 años, frente al 61.48 % de sus contrapartes masculinas. Asimismo, el análisis señala una marcada falta de diversidad racial y de representatividad más allá de las identidades cisgénero en las narrativas audiovisuales.

(EN LA LÍNEA. La presencia femenina cae hasta el 30% en las áreas clave de dirección, guion y producción. Foto: Cuartoscuro)
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