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Aguas turbias y caras

¡Viva el pueblo palestino!

 

Esta semana se ha informado que la Comisión Tarifaria del Siapa decidió incrementar la tarifa del agua 5 por ciento. Y lo hace sin ninguna autocrítica a sus pésimos servicios y sin ningún compromiso público para mejorarlos. Desde luego, por su mente ni siquiera ha pasado la promesa para que alguna vez recibamos en nuestros hogares agua tan potable que podamos beberla directamente del grifo, tal como sucede en ciudades de varios países del mundo como España, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido o Francia.

¿Por qué en Guadalajara y todo México sigue siendo riesgoso para la salud tomar agua directamente de la llave? ¿Acaso no tenemos la tecnología, la infraestructura necesaria y mujeres y hombres con el conocimiento suficiente? O, ¿será que es un tema que tiene más que ver con el negocio del agua embotellada y con el olvido que el suministro de agua es un servicio público, además de un derecho humano?

El Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa) en su nombre lleva su responsabilidad, sin embargo, desde su fundación en 1978 no ha logrado que todos los habitantes de esta conurbación tengamos en casa agua verdaderamente potable y del alcantarillado o de las redes de distribución de agua. Desde hace décadas se sabe que, por el mal estado en que se encuentran, sumado a las fallas múltiples que se localizan en las instalaciones hidráulicas de cada casa de la ciudad, se fugan cantidades de agua suficientes como para hacer innecesarias varias presas.

Obviamente la ineficiencia del Siapa respecto de la potabilización del agua ha favorecido el crecimiento del negocio del agua embotellada y de la industria del plástico. Así, desde esta ciudad contribuimos a que cada minuto, en el mundo, se compren un millón de botellas de plástico.

Es muy frecuente que los gobernantes de Jalisco y sus municipios conurbados, pero sobre todo los de Guadalajara y Zapopan, pretendan compararse o hermanarse con otras ciudades del mundo que ellos consideran importantes y dignas de emular. Hasta 2013, Guadalajara se había hermanado cuando menos con 40 ciudades del mundo y de México, pero en ningún caso con el objetivo de resolver la necesidad tan básica como disponer de agua tan potable que pudiéramos beberla directamente del grifo y no seguir capturados por los negociantes del agua embotellada (Pepsico, Fonafont, etcétera).

¿Por qué no nos hemos hermanado con la ciudad de Bundannon, Australia, primera ciudad en el mundo que se declaró “libre de agua embotellada”? O en Estados Unidos, con San Francisco, California, que desde 2014 prohibió la venta de agua embotellada, y con Boston, Nueva York y Chicago que llevan años realizando campañas y medidas contra el agua embotellada, lo cual supone un fortalecimiento de sus servicios públicos de agua potable.

Este año crecieron significativamente las protestas debido a que por diferentes rumbos de la ciudad lo que se recibía era agua turbia, de malos olores y también porque los tandeos afectaron más que en años anteriores a millones de tapatíos. Pero el Siapa y su Comisión Tarifaria no preocupados por eso acordaron incrementar el costo de la tarifa y se creen generosos porque rechazaron la propuesta de que el incremento fuera de 7.9 por ciento.

¿En serio no hay en Jalisco ningún poder público que evite este incremento a la tarifa del agua que el Siapa distribuye atentando contra la salud de la población, cuando desde hace tiempo al Siapa le sobra la pe (de potable) en su nombre?

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jl/I