Grupo UdeG y el gobernador

En diversos espacios y foros el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz ha destacado el apoyo que durante su administración ha dado a la Universidad de Guadalajara (UdeG). Lo presume. Egresado de la institución educativa, se siente orgulloso de serlo y de traducirlo en cuantiosos recursos e infraestructura para su alma máter.

En el quinto Informe de Gobierno no dejó de lado el tema. El 1 de febrero, en su mensaje, dado “en casa”, reiteró que su administración ha sido la que más ha invertido en su universidad, la UdeG. La suma asciende a 24 mil millones de pesos en cinco años, con lo que dijo se amplió la cobertura para 34 mil 529 estudiantes de educación media y superior. “Estamos hablando de casi cinco universidades públicas en el país”, resaltó.

La paradoja es que el gobernador surgido del PRI le profesa cariño a la UdeG, pero el grupo universitario está embelesado con otro partido. En este periodo de encrucijada electoral la agrupación udegeísta está alejada del tricolor a pesar de que ha tenido ahí un pie, a través sobre todo de dos ex diputados tricolores, Leobardo Alcalá, del Movimiento Nacional Tecnológico Universitario, y del ex rector general de la UdeG Trino Padilla López, actual procurador urbano que deseaba ser candidato priísta por Guadalajara.

Personajes ligados, arropados o cercanos al líder del Grupo UdeG, Raúl Padilla López, figuran ahora como candidatos de Movimiento Ciudadano (MC). Destacan la rectora del campus de los Altos, Mara Robles; el dirigente sindical universitario Enrique Velázquez y el ex dirigente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) Alberto Galarza.

La cereza del pastel fue el ahora ex rector general de la UdeG Tonatiuh Bravo Padilla, quien dejó el cargo ante la oferta de garantizarle una curul como diputado federal plurinominal, en el primer lugar de la lista.

Ante un PRI a la baja, con el tercer lugar en la intención del voto de su candidato a la Presidencia de la República y con un candidato a la gubernatura en difíciles condiciones para remontarse, el liderazgo del Grupo UdeG tomó otra decisión pragmática: olvidar rencores y sumarse a los que, desde ya, se consideran ganadores de las elecciones del 1 de julio en Jalisco. Mientras el gobernador priísta continúa presumiendo su enorme apoyo y aprecio por la universidad (aunque también podría destacar su tersa relación con ésta, a diferencia del panista Emilio González Márquez), quienes controlan la UdeG se arrojaron a los brazos del partido naranja, que les promete continuar con buen futuro político.

De cara a las elecciones, el PRI enfrenta en Jalisco una crisis que no desea ver, que no acepta y que, en el mejor de los casos, minimiza. El partido tiene de qué preocuparse: el primer priísta de Jalisco respalda más que otros gobernadores a quienes apuestan políticamente por otro partido, lo que ha llevado a que al mandatario se le acuse de cuidar más su imagen y su futuro personal que cuidar al PRI.

Lejos quedaron los encontronazos entre el líder de MC y candidato a la gubernatura, Enrique Alfaro, cuando era el alcalde de Tlajomulco, y el dirigente del grupo UdeG, Raúl Padilla López, quien tomaba sin aspavientos la confrontación que luego se desinfló. Los que se consideraban enemigos irreconciliables van ahora como aliados rumbo a las elecciones. Eso sin que el grupo universitario suelte el control del PRD, que le sigue dejando dividendos políticos.

¿Algún día se conocerá la historia de cómo se amarró este acuerdo entre las cúpulas udegeísta y naranja? ¿Cómo se fue dando la alianza y bajo qué términos? ¿Prevé el liderazgo de la UdeG que de llegar Alfaro a la gubernatura también continuará, como hace Aristóteles Sandoval, con la generosa política presupuestal hacia la institución? En ese escenario, ¿la UdeG podría, ahora sí, poner a un universitario como titular de la Secretaría de Educación Jalisco? Sabremos una parte este año. Lo que el poder separa, el poder lo puede unir.

sergiorene.dedios@gmail.com

JJ/I