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Tiroteos y desamparo informativo

Aceptemos una cruel realidad demostrable: continuarán en Jalisco las balaceras, los enfrentamientos entre grupos delictivos, entre estos y las fuerzas de seguridad, y los asesinatos de todo tipo. Ocurrieron la semana pasada en Ocotlán y Zapopan, y el domingo en Teocaltiche. Los tiroteos suceden y pueden suceder en cualquier lugar de la entidad: en el Área Metropolitana de Guadalajara o en el resto de municipios. Ante el fuego cruzado, la población civil queda vulnerable, sea porque pasaba, estaba o radica ahí. Sin embargo, los gobiernos municipales, estatal y federal carecen de un sistema de información eficiente que rápidamente dé a conocer a las familias qué ocurre, dónde y, especialmente, qué hacer para protegerse. Se les deja a su suerte. Al sálvese quien pueda.

Falta una política pública que a través de protocolos ofrezca información lo más actualizada y precisa posible, para que habitantes de una comunidad, pueblo o colonia se pongan a salvo sin interferir en operativos; indicaciones claras que se transmitan por canales oficiales determinados y al alcance de la mayoría de las familias; información que posibilite a los medios de comunicación tomarla como fuente confiable para difundirla; que disminuya o evite la difusión de rumores o de información que solo beneficia a criminales; que oriente y movilice a los que viven, pasean o laboran en las zonas donde estallen las balaceras; que pueda ser replicable y útil para la población. El vacío informativo oficial atiza el pánico colectivo.

No basta solo con un mensaje en redes sociales del gobernador Enrique Alfaro Ramírez, ni del coordinador estratégico de Seguridad estatal, Ricardo Sánchez Beruben. Ni todo mundo usa la red X ni todo mundo la revisa cada minuto. Las cuentas de la Fiscalía del Estado y de la Secretaría de Seguridad de la entidad dan pena. Mientras Alfaro pide a la población mantenerse informada a través de las redes oficiales de ambas dependencias, éstas en muchas ocasiones entregan tarde la información, no la actualizan, no le dan seguimiento. Y si horas después envían un comunicado de prensa, lo que se consigna está incompleto, sesgado y sirve solo para asegurar que todo está bien, cuando no siempre es así. Llamar solamente a la tranquilidad no funciona si las autoridades de seguridad no la garantizan y no informan con la intención de proteger a los civiles pacíficos.

Los ciudadanos se arriesgan al captar con sus celulares videos de las balaceras y compartirlos. Son valientes, pero es peligroso hacerlo. No obstante, gracias a esos videos sabemos qué sucede cuando el traca-traca de los tiroteos está enfrente o cerca. La información que proporcionan esos videos desmiente, matiza o valida la información oficial. También la amplía. En el reciente caso de la balacera en Ocotlán, por ejemplo, ese día ninguna autoridad informó dónde estaban los bloqueos carreteros ni qué alternativas tenían los conductores para no toparse con delincuentes o ser víctimas de algún atentado. La Guardia Nacional ni siquiera informó ese día de la balacera en que participaron sus elementos, con una oficial que lamentablemente resultó herida.

Estamos en medio de una emergencia de seguridad en Jalisco y el resto del país. Si las autoridades no lo reconocen, los ciudadanos tenemos que aceptarlo y tomar providencias. Resignarse no sirve de nada. Resignarse es someterse a la impredecible violencia. Lo más importante es exigir a los tres niveles de gobierno medidas concretas para saber actuar en un escenario de constantes tiroteos. Urge una política pública informativa para prevenir a la población ante escenarios o situaciones de riesgo a su seguridad, como lo son las balaceras. El desamparo informativo infunde miedo… y hasta pánico.

X: @SergioRenedDios

jl/I