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Los boleros, patrimonio de Jalisco

Jalisco no puede comprenderse ni quererse si no se conocen y aprecian sus profundas raíces musicales. Compositores, agrupaciones e intérpretes han legado un incuantificable talento que trasciende fronteras. Nuestra voz musical, porque la hemos apropiado como público, se escucha en el mundo. Es parte de nuestra identidad ligada al terruño. Y el bolero es uno de los géneros en que ha destacado la entidad. Poesía del lenguaje amoroso, expresión artística que reivindica las emociones y por tanto humaniza, asociación personal con los sentimientos de la vida, historia pautada de lo paladeado por generaciones, acercamiento a lo inefable del ser, su reconocimiento por parte de la Unesco, como patrimonio cultural intangible compartido con Cuba, abre puertas posibles de ensanchar. Es una distinción. Es una oportunidad.

El bolero tiene más de un siglo en México, desde que llegó de Cuba a finales del siglo 19 a través de Yucatán. En 1921 el maestro de Nuevo León, Armando Villarreal, compuso Morenita mía, primera obra famosa del género a la que vendrían miles más. Boleros hermosos han regalado Yucatán, Veracruz, la Ciudad de México y otras entidades. Sin faltar creaciones: Alfredo El Güero Gil, de Los Panchos, creó el infaltable requinto de los tríos, y Sergio Flores, de los Tecolines, incluyó el requinto eléctrico.

Es larga la lista de compositores jaliscienses que han contribuido a su desarrollo y arraigo popular. Sin ser los únicos, destacan Consuelo Velázquez y canciones como Bésame mucho, el bolero mexicano más conocido en el mundo; Arturo Curiel, compositor musical de docenas de películas y autor de temas como la conocidísima Vereda tropical; el zapotlense Rubén Fuentes, creador de cientos de melodías inolvidables y aportador del bolero ranchero, iniciado con Cien años; y el compositor y musicalizador Gabriel Ruiz, con piezas como El Vicio.

Los hubo tapatíos, que con uno o pocos boleros y diferentes producciones pasaron a la historia; es el caso de Pepe Guízar, con Sin ti, o de Manuel Álvarez, oriundo de Tequila, con Angelitos negros. A otros Jalisco los adoptó, como ocurrió con Vicente Garrido, autor de No me platiques, entre diversas y hermosas piezas; o el prolífico Alfredo Carrasco, con su poético Adiós.

Abundan los intérpretes jaliscienses de boleros que deleitaron con su estilo. Desde las hermanas Águila, María Victoria y Marco Antonio Muñiz hasta Mike Laure, Guadalupe Pineda, Vicente y Alejandro Fernández. O grupos como Los Freddy’s, del barrio de San Andrés. O en la UdeG la agrupación Bolerísimo.

También los boleros son objeto de estudio académico. La ex directora de la Escuela de Música de la UdeG María Enriqueta Morales de la Mora legó su investigación El bolero en Guadalajara. Músicos y experiencias formativas de un fenómeno social urbano, y Rodrigo Bazán Bonfil escribió Y si vivo cien años… antología del bolero en México, entre diversos ejemplos. Sin ser los únicos, otros lo abordaron de paso, como Gabriel Pareyón y su Diccionario de Música en Jalisco; Juan Álvarez Coral y su obra Compositores mexicanos. Biografía de 40 músicos desaparecidos; y Yolanda Moreno Rivas, autora de Historia de la Música Popular Mexicana.

El escritor Gabriel Zaid incluyó boleros en su antología Ómnibus de poesía mexicana; y Carlos Monsiváis escribió 56 boleros y prologó 20 poemas, 20 boleros. Cientos de temas han sido interpretados en películas mexicanas y extranjeras.

Fomentar el aprecio por los boleros, como parte de la identidad musical jalisciense; promover su documentación e investigación académica; organizar tours, festivales y presentaciones musicales en diversos espacios, uno fijo, como ofrece Mérida para la trova; patrocinar grupos juveniles para que despeguen; abrir talleres o una escuela del bolero que forme músicos y cantantes; apoyar compositores; organizar serenatas populares; y disponer de un museo del bolero jalisciense posibilitarían aprovechar el reconocimiento internacional. El bolero sigue vive.

La música es una vía para construir paz. Las emociones educadas desde la niñez y expresadas musicalmente contribuyen a tranquilizar espíritus agresivos. Promovamos los boleros y sensibilicemos espíritus.

X: @SergioRenedDios

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