Potencialidad

Afortunadamente lo político no se consume o reduce para nada en el griterío electoral que inunda los medios y contamina las calles, sin llegar a tocar problemas y necesidades que forman parte de las preocupaciones cotidianas de las personas del abajo social. En el contexto de las campañas electorales se hace aún más evidente que la clase del poder y la gente sencilla y común caminan por senderos desiguales y con horizontes diferentes.

En Jalisco encontramos muestras de estos contrastes y que reflejan potencialidades sociales que, desde luego, pueden desarrollarse o no, dependiendo sobre todo el hacer autónomo y rebelde de los sujetos sociales singulares y colectivos que están activos y lo hacen, cada vez más, al margen y en contra de la clase dominante.

En general toda inconformidad y protesta social empieza buscando en el Estado y sus instituciones, pidiéndoles y luego exigiéndoles que atiendan su problemática, pero, más tarde o más temprano, terminan por darse cuenta de la inutilidad de esa vía, de los desgastante que es o lo desesperante que puede ser. Si lo que se busca es encontrar solución o algún apoyo no tardan mucho en darse cuenta que los gobernantes no sólo son insensibles a sus problemas, sino que forman parte del problema y por ello muestran una especie de desprecio cuando alguien llega a interrumpir su negocio de gobernar.

Uno de los problemas que, por fin, está profundizando esta diferencia es en torno a uno de los frentes de la guerra que, con saña particular en los dos últimos sexenios, el Estado ha desatado contra la sociedad y que ha arrojado un saldo increíblemente dramático de personas asesinadas, desaparecidas, desplazadas y afectadas en su salud por los diferentes agentes nocivos que produce en abundancia este sistema.

Especialmente las marchas y protestas por los desaparecidos han estado subiendo de nivel en su criticidad política. No es para menos. Tenemos que seguir repitiendo que Jalisco ocupa uno de los primeros lugares en número de personas desaparecidas y que, al parecer de manera incontenible, éste crece día a día a la vez que se sigue comprobando la complicidad o simbiosis entre gobierno y delincuencia.

¿Cómo llegamos a esta situación, cómo y por qué lo permitimos? ¿Por qué la vida de nuestros hijos no es la preocupación principal de los gobernantes? Éstas son preguntas que se hacen cada vez más no sólo familiares de los desaparecidos. También se las plantean quienes por el solo hecho de tener hijos o ser jóvenes sienten el riesgo y temen vivir una situación así.

Los desaparecidos y los asesinados son mayoritariamente jóvenes, mujeres y hombres. Por lo tanto, no resulta extraño que esta preocupación empiece a ser retomada y asumida por ellos mismos. En la UdeG, pero también en universidades privadas, este problema ya es parte de las pláticas y discusiones cotidianas en los campus. También lo es de más de cinco mil familias que en Jalisco sufren el infierno indecible de no saber dónde estará o qué será de su ser querido.

En este sentido es importante destacar el paro de actividades que en la UdeG realizaron hace días estudiantes de antropología, historia y sociología. La novedad es que no demandaban nada a la institución y tampoco al gobierno. Lo que plantearon fue la necesidad de iniciar ellos un proceso de discusión para organizarse y cuidarse mutuamente. Hacía muchos años que estudiantes de la UdeG no se autoconvocaban de esta manera y menos al margen de la FEU, organización explícitamente rechazada en las asambleas.

No pararon, pero también hubo asambleas o discusiones al respecto en trabajo social, estudios políticos, estudios internacionales, letras y filosofía, y en arquitectura y ciencias de la salud. Todos discutiendo el problema de los desaparecidos y pensando qué hacer para cuidarse, para que no le pase a nadie más y cómo apoyar a las madres y familiares que ya están en marcha buscando a sus hijas/os, llorosas, angustiadas, pero con una rabia y una dignidad crecientes que, como decía al principio, contrasta radicalmente con el negocio de la gobernanza.

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