Uno de los episodios más emblemáticos de la Segunda Guerra Mundial es el de los partisanos. Guerrilleros que, desde bosques y montañas, sabotearon al nazismo y se convirtieron en símbolo de resistencia popular.
Hoy, esa palabra revive en otro frente muy distinto y con otra connotación. El académico de la Universidad de Guadalajara, David Ramírez Plascencia, (junto a Álvaro Ochoa y Rosa María Alonzo de la UABC) se refiere en un estupendo artículo en Teknokultura, Revista de cultura digital y movimientos sociales de la Universidad Complutense de Madrid, a los “partisanos digitales”, para definir a los ejércitos de bots y perfiles falsos que se contratan para sembrar tendencias en Internet.
Las redes sociodigitales son el espejo más inmediato de la pluralidad y el caos propio de las sociedades. Como advierte David Bak Geller en Gramática de la frivolidad, “la democracia es como un mar de voces sobrepuestas, no siempre armoniosas, sino más bien discordantes”. En este entorno hiperconectado participan medios alternativos, académicos, figuras de la política y por supuesto, las corporaciones y grupos de interés, que dado su poderío económico continúan teniendo presencia significativa, aunque también se observa la participación orgánica de actores individuales, activistas o colectivos informales. Es así como son un canal ideal para la agenda setting, concepto acuñado hace más de cinco décadas y que ya no es exclusivo de los medios de comunicación.
En este terreno, los grupos de poder recurren a distintas tácticas, entre ellas las campañas de desprestigio, con recursos que van desde la descalificación ad hominem -atacar a la persona en lugar de discutir sus ideas- hasta la filtración de antecedentes, ciertos o falsos, o memes ridiculizantes. En el peor de los casos, se despliegan campañas de desinformación con mentiras, documentos alterados, o incluso deepfakes (imágenes o videos ultra falsos generados con inteligencia artificial).
Para difundir contenidos en redes sociales se emplean ejércitos de bots operados desde cuartos de guerra clandestinos. Según Marek Hoehn, estos ejecutan tareas automatizadas que imitan la actividad humana. De todos los tipos de bots, los social bots, particularmente simulan ser usuarios reales para moldear opiniones y dirigir debates.
Hoehn distingue tres modalidades: el overloader, que inunda conversaciones con cascadas de mensajes; el creador de tendencias, que busca ser retomado por la prensa tradicional; y el autotroll, que “distrae al usuario de la conversación original con una nueva que se vuelve polémica y acalorada”.
Estas prácticas se combinan con viejas tácticas de operadores de información, como la difusión de textos disfrazados de reportajes, tanto en medios afines, como con youtubers e influencers. Otra modalidad son las páginas que aparentan ser medios de comunicación, sin reporteros identificables pero que curiosamente siempre tienen información exclusiva.
Estas maquinarias bien aceitadas han existido siempre; la diferencia es que hoy tienen más herramientas para amplificar sus narrativas y apagar voces incómodas. De ese tamaño es el reto para los periodistas que en este país no han renunciado a sus imperativos éticos. Y para las audiencias que aún apuestan por información de calidad.
*Profesor Investigador de la UdeG
X: @julio_rios
jl/I










