Gisèle Pelicot no es una mujer cualquiera. Luego de años de enfrentar un desgastante proceso legal se convirtió, en 2024, en el rostro de la lucha contra la violencia sexual. La mujer que estuvo casada con Dominique Pelicot durante 50 años fue víctima de abuso sexual durante una década, tanto por su marido como por decenas de desconocidos, mientras ella estaba completamente sedada, como si fuera una de las desafortunadas protagonistas de la novela ‘La casa de las bellas durmientes’, del escritor japonés Yasunari Kawabata, publicada en 1961; aquellas jovencitas narcotizadas ofrecidas para el placer de ancianos que pagaban por su compañía sin que ellas tuvieran conciencia de lo que sucedía.
Ahora Gisèle está lista para contarle al mundo su historia en ‘Un himno a la vida’, un libro que inició justo cuando descendió a los infiernos al recibir la llamada de la comisaría para notificarle que su marido había agredido en el supermercado a una mujer grabándola bajo la falda. El guardia de seguridad de aquel establecimiento abrió la caja de Pandora al decomisar el celular de Dominique.
El juicio público para el que ninguna sociedad estaba preparada significó un parteaguas en la lucha feminista contra la violencia sexual. La exposición de una sola mujer significó el despertar de todas las demás. Gisèle no estuvo sola. De acuerdo con Amnistía Internacional, visibilizar un nivel tan atroz de agresión exigió un cambio en el Código Penal de Francia y a finales del año pasado se aprobó la Ley del Consentimiento, lo que definía por defecto que un acto sexual no consentido califica como violación. Más tarde 16 países de la Unión Europea lo llevaron a sus propias legislaciones. Los diputados franceses dieron un paso más en el tema y acaban de aprobar un proyecto de ley para eliminar el “deber conyugal”.
El libro, que saldrá a la venta simultáneamente en 20 países mañana 17 de febrero, es la síntesis de los años públicos de Gisèle rodeada de periodistas, abogados y ojos acusadores, pero también del tiempo donde era una madre y una esposa que disfrutaba una vida tranquila.
Para muchos fue una sorpresa que conservara el apellido Pelicot luego del divorcio y la sentencia; para ella significa que elige no borrar su historia. En entrevistas recientes, como parte de la gira de promoción del libro, mencionó que es imposible olvidar, en su rostro sereno no parece haber cabida para el odio y la rabia porque, en sus propias palabras: “Te destruyen”.
El juicio público dejó secuelas fragmentando a su familia, así como dejaron secuelas en ella los sedantes y las agresiones, pero la mujer que ingresó al juzgado como víctima y salió como activista hoy habita un mundo que la admira, cambiando el paradigma y evidenciando que la sumisión química es un instrumento de violencia y que la violencia es un instrumento de dominación masculina. Más allá del best seller que está por salir, Gisèle deja un legado para todas las mujeres víctimas de violencia sexual al demostrar en primera persona que la vergüenza finalmente cambió de bando.
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