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Pobreza, cuestión de justicia

La situación de pobreza no sólo implica la ausencia de ingresos económicos, también ocasiona la privación de derechos y de voz de las personas con escasos recursos, así como la vida en condiciones indignas e injustas. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 55.7 millones de personas en México enfrentan la situación de pobreza, de las cuales más de 10 millones viven en pobreza extrema; y durante la pandemia, las disparidades sociales se han agudizado aún más.

Además, persisten dificultades que no permiten superar la pobreza y generar condiciones para el libre desarrollo de vida. En este sentido, México ha sido señalado como un país con baja movilidad social, lo que quiere decir que la población que vive en pobreza no tiene mayores posibilidades de mejorar su calidad de vida, tal como lo demuestra el análisis del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), según el cual en el país siete de cada 10 personas que nacen en pobreza permanecen en esta condición.

A fin de fomentar la conciencia sobre la necesidad de reconocer las múltiples dimensiones de pobreza y su relación con la justicia social, así como avanzar en su erradicación a nivel global, se reconoció el 17 de octubre como el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza.

Las personas en situación de pobreza, además de enfrentar múltiples desafíos para el goce efectivo de sus derechos sociales, económicos, culturales y ambientales, son más expuestas a sufrir violaciones a los derechos fundamentales, como a la vida, la integridad personal, la libertad o el acceso a la justicia.

Esta situación afecta particularmente a grupos históricamente discriminados, tales como mujeres, niños y niñas, integrantes de pueblos indígenas, poblaciones afrodescendientes, personas migrantes, personas privadas de libertad, personas con discapacidad, población LGBT+ o personas adultas mayores.

En este sentido, se ha mencionado que la pobreza podría tener un color determinado, considerando el factor étnico en las condiciones socioeconómicas de la población, o el concepto de feminización de la pobreza, mismo que contempla las estadísticas que confirman que un mayor número de mujeres que hombres vive en situación de pobreza, e incluye los impactos de la brecha salarial o la falta de reconocimiento de la carga de trabajo de cuidado, y por esta razón, persisten alarmantes muestras de exclusión de mujeres como resultado de las estructuras de desigualdad y patriarcales.

Además es importante reconocer que la pobreza guarda relación con el incremento de violencia y violaciones a los derechos humanos. Ante la omisión de garantizar la seguridad y los servicios básicos por parte del Estado, y no implementar las políticas de prevención, sobre todo en las zonas marginalizadas, se impide generar condiciones sociales y económicas para la mejora de la calidad de vida, y enfrentar los desafíos de inseguridad. Por este motivo, quienes viven en situación de pobreza y exclusión son aún más vulnerables ante las dinámicas delictivas, y difícilmente se les asegura el acceso a la justicia.

Si bien la violencia genera ingresos, siendo un negocio rentable en el cual se producen nuevas oportunidades para quienes han sufrido el abandono del Estado, es importante no generalizar y no abonar a normalizar la narrativa que ha sido presente también en el discurso y en las acciones del gobierno de Jalisco de rechazar a las personas de escasos recursos y criminalizar la pobreza, principalmente frente a la situación de inseguridad en la entidad y la operación del sistema de procuración de justicia.

Para avanzar en la construcción de un mundo más equitativo en donde todas las personas accedan a la justicia social, necesitamos romper con la estigmatización de quienes han enfrentado las situaciones de vulnerabilidad y fueron dejados atrás, y abordar la problemática de pobreza desde el respeto, la dignidad y un enfoque de derechos humanos, ya que al final “la erradicación de la pobreza no es una cuestión de caridad, sino de justicia”.

anna.chimiak@gmail.com

jl/I