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Nuestra guerra local

El impresentable señor Trump con su espíritu guerrero e invasor sigue amenazando al mundo y, antes de Irán, no parecía haber nadie que le hiciera frente. Sobre este tema hay miles de opiniones, yo solo lo aludo como parte del contexto en que nos encontramos.

Lo me interesa decir es que, haciendo caso al concepto guerra informal se podría aceptar que, aunque aquí no llueven misiles y drones como sucede en Irán, Israel y embajadas de EU, en nuestra aldea local también vivimos un estado de guerra. Las bombas y misiles son de otro tipo, pero igualmente matan y ponen en riesgo nuestra salud e integridad física y emocional.

Teniendo como fondo las imágenes de los bloqueos del 22 de febrero pasado, veamos lo siguiente. 

Por años, de manera cotidiana, en el Área Metropolitana de Guadalajara, en lugar de agua potable recibimos agua turbia. Además, la frecuencia de los cortes o tandeos, sumados a la suciedad del agua, está taponado muchas tuberías. Durante los meses que llevamos de este año este tema, ha hecho crisis. Se tardaron, pero, por fin, tanto la Cofepris como la secretaria de salud tuvieron que reconocer, lo obvio, que el agua no es apta para tomar y tampoco para cocinar. Es decir, que atenta contra nuestra salud. A pesar de ello, el Siapa, como el viento a Juárez y no hay poder que lo meta en cintura.

Hace apenas unos días nos enteramos de que, en esta ciudad, solo 97 días de los 365 del año pasado pudimos respirar aire medianamente limpio. Eso también lleva décadas afectando nuestros pulmones. El aire de Guadalajara, con todo y verificación, está muy contaminado por los millones de vehículos que circulan lentamente todos los días. No extrañan, entonces, las enfermedades respiratorias.

Se debe reiterar que el Santiago, río muerto por contaminación, además de dañar la salud de las poblaciones de los pueblos de la barranca, en línea recta, del kilómetro cero de Guadalajara, queda apenas a diez kilómetros. Significa que la ciudad entera está dentro del radio de impacto de sus nocividades.

Ahora Jalisco tiene tres deshonrosos primeros lugares en el país. Seguimos siendo primeros en desaparecidos, en sarampión y también en justicia penal con un impresionante 98 por ciento de impunidad. Y, por si fuera poco, se sospecha que ha sido hackeada la infraestructura digital del Ayuntamiento de Guadalajara.

¿Usted entiende por qué los presidentes municipales del área conurbada y el gobernador no toman cartas en estos asuntos? Todos ellos, antes que aplicarse en todo esto, solo se empeñan en hermosear la ciudad soñando en el turismo efímero por el mundial de futbol.

Y en el tema del mundial, quien lo diría, la nota la ha dado Matías Almeyda, ex director técnico de Chivas y ahora del Sevilla, quien sorpresiva e inteligentemente dijo: “El futbol es reflejo de las sociedades, hoy hay guerra y nosotros estamos hablando de jugar un partido… eso quiere decir que no nos importa nada”.

Sí, debería haber más Almeydas y menos Messis porque a este último le complace fotografiarse con Trump.

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jl/I

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