La frase de la columna de hoy es una expresión utilizada frecuentemente por la señora Rosario Ibarra de Piedra, al referirse a la búsqueda de su hijo Jesús Piedra, detenido-desaparecido en 1975 por agentes de seguridad. Rosario Ibarra, junto con otras mujeres fundó en 1977 el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México, o Comité ‘Eureka’, que mantuvo la lucha contra la desaparición forzada y por la presentación con vida de sus hijos e hijas en el contexto de los años 70 y 80, principalmente.
Al sostener la búsqueda incansable de su hijo Jesús, ella refirió en muchas entrevistas que su deber como madre era encontrarlo, sin importar el tiempo transcurrido desde su desaparición. En el documental que lleva por nombre ‘Rosario’, de la directora Shula Erenberg, se le escucha decir que su búsqueda “es parte del oficio de ser madre, le di la vida y tengo la obligación de preservársela, de salvarlo, de traerlo hacia el afecto, de devolverle todos los soles que les han robado”.
La lucha encabezada por Rosario Ibarra marcó también un precedente para las madres buscadoras del presente, quienes han convertido el dolor y la ausencia en una exigencia colectiva de verdad y justicia.
En el siglo 21, la lucha de los colectivos de madres buscadoras se hace notoriamente visibles ante el contexto de inseguridad generado por la mal llamada ‘guerra contra el narco’, particularmente en el año de 2011, con la movilización conocida como Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad y los movimientos de 2014 para localizar a los jóvenes normalistas de Ayotzinapa.
En este largo caminar de más de 15 años, los colectivos de madres buscadoras del país han contribuido a generar una estructura jurídica e instituciones; hoy se cuenta con una Ley General, Comisión Nacional de Búsqueda, Protocolo Homologado para la Búsqueda, protocolo especial para niñas, niños y adolescentes, Alerta Amber, Protocolo Alba, Alerta Nacional y otras instancias que no pueden entenderse sin el trabajo de las familias en numerosas mesas y diálogos para expresar sus exigencias y reclamos ante omisiones que impiden la localización de sus hijos.
Las madres buscadoras son un referente nacional en derechos humanos; la solidaridad y el acompañamiento hacia otras madres en la búsqueda han sido vitales para mostrarles el camino. El trabajo realizado en campo, especialmente en labores de búsqueda forense, ha permitido la recuperación de los cuerpos de cientos de personas víctimas de la violencia en el país.
Los colectivos de búsqueda constituyen un referente necesario de la lucha por la dignidad y la justicia ante un problema social complejo que no ha podido atenderse por completo; las desapariciones continúan y las estrategias de prevención se quedan cortas ante la dinámica de algunas entidades como Jalisco, en donde se sigue engañando a la juventud con supuestas ofertas de empleo para después privarla de su libertad.
Reconocer la labor de las madres buscadoras es también reconocer una de las luchas más dignas y necesarias de nuestro tiempo.
jl/I









