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El otro Mundial: movilidad humana y desapariciones

Jalisco vibra y celebra con miles de visitantes la Copa Mundial de Futbol. Ciertamente, este torneo deportivo representa una oportunidad extraordinaria para el turismo y el intercambio cultural, pero también para alertar, prevenir, denunciar y combatir la trata de personas. Las redes criminales utilizan los espacios sociodigitales y aplicaciones de mensajería con anuncios aparentemente legítimos para captar víctimas: ofrecen empleos bien remunerados en hoteles, eventos, actividades promocionales o espectáculos vinculados con el turismo. Muchas veces solicitan pagos previos, ocultan información sobre las condiciones laborales o piden viajar sin informar a familiares.

Estas son señales de alerta que no deben ignorarse; así lo han reconocido la Organización Internacional para las Migraciones, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, la asociación Fin de la Esclavitud y el movimiento It’s a Penalty, que en Jalisco acompaña la Red Radio Universidad de Guadalajara.

Para nadie es una novedad que Jalisco enfrenta desde hace décadas una severa crisis humanitaria relacionada con la desaparición de personas y, en este escenario internacional, las falsas ofertas laborales constituyen una amenaza real, especialmente para jóvenes que buscan mejores oportunidades económicas.

En este contexto mundialista, las madres buscadoras de Jalisco y de otras entidades nos han recordado que esta fiesta deportiva convive con otra realidad: la de miles de familias que continúan buscando a sus seres queridos.

Integrantes del colectivo Luz de Esperanza transformaron las fichas de búsqueda de personas desaparecidas en estampas similares a las tradicionales tarjetas de futbolistas y álbumes coleccionables del Mundial. En ellas aparecen los rostros de hombres y mujeres en su gran mayoría, jóvenes desaparecidos portando la camiseta de la Selección Mexicana. La pregunta que acompaña la iniciativa es “Nuestros desaparecidos, ¿cuándo volverán a casa?”.

Estas son acciones legítimas y creativas que no buscan opacar la fiesta del Mundial. Pretenden aprovechar la atención internacional para visibilizar una emergencia humanitaria que no puede quedarse fuera de la conversación pública, pues miles de familias continúan recorriendo brechas, cerros y fosas clandestinas en busca de verdad y justicia.

Otra realidad poco visible en este torneo deportivo es la condición de riesgo que enfrentan las personas migrantes en condición irregular; el temor a ser detenidas o deportadas puede impedirles denunciar abusos laborales o situaciones de explotación y trata. Por eso la prevención no es responsabilidad única de las autoridades.

El sector turístico, las empresas, los medios de comunicación y la ciudadanía también tenemos responsabilidad en el combate a estos delitos. Los sectores productivos deben capacitar al personal de hoteles y servicios turísticos para identificar posibles casos de trata y fortalecer los mecanismos de denuncia.

La protección de los derechos humanos debe ocupar un lugar central en cualquier celebración internacional, porque la mejor fiesta mundialista no es aquella que registre más visitantes o mayores ganancias económicas, sino aquella en la que todas las personas, sin importar su origen, nacionalidad o condición migratoria, puedan disfrutar de manera segura, libre y digna.

X: @claudiaacn

jl/I

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