Debate político, ¿cuál?

Mientras los candidatos a puestos de elección popular echan mano de distintos recursos para aumentar a su favor la intención del voto, a su alrededor se desatan discusiones, marrullerías y pleitos. En el espacio público las confrontaciones son cotidianas. El tono en que alegan unos y otros es un anticipo de que se pondrán más candentes los choques conforme se acerque el día de las elecciones. Los ánimos están encendidos. Hay de todo, hasta diversión, pero poco debate verdadero.

Son distintos los niveles de la discusión pública acerca de los partidos políticos, sus candidatos, su campaña y sus propuestas. Muy esquemático, en un primer grupo se hallan los más importantes aspirantes a la Presidencia de la República, la gubernatura, presidencias municipales y diputaciones federales y alcaldes. En ese círculo, unos y otros escasamente debaten, salvo los debates organizados por una autoridad electoral o universidad. Su discurso va de pobre a regular, plantean propuestas generales, hasta obvias o que no han funcionado, y se comparan con sus adversarios, a los que suelen endilgarles calificativos.

Si debatir es argumentar, razonar propuestas, fundamentar alternativas, analizar lo realizado hasta ahora, señalar debilidades, formar y educar ciudadanía, proponer objetivos viables, poco se ha hecho. Más bien entre los actuales candidatos privan el ataque personal, generalidades o propuestas no tan claras. Hay excepciones en algunos temas, sobre todo en aquéllos que dominan los candidatos. Pero el debate no ha permeado. Hay emociones encendidas, hígados intensos, eso sí.

En un segundo círculo están simpatizantes y militantes de uno u otro partido. Son los convencidos, los del voto duro. He escuchado, leído y visto cómo de uno u otro partido escasamente argumentan; más bien son pleitos encarnizados, en los que unos y otros mitifican a sus partidos, endiosan a sus candidatos y descalifican radicalmente a quienes piensan distinto. Son parecidos a los bochornosos enfrentamientos de cantina entre borrachitos, donde no importa tener razón, sino desahogar el enojo. Hay excepciones, pocas, de verdadero interés por conocer otro punto de vista. Pero cuando se trata de posiciones ideológicas el entendimiento es casi nulo. A menos que por conveniencia políticas no se destacen, como sucede en las coaliciones actuales.

En dicho segundo círculo se trenzan en pleitos e insultos en las redes sociales. Como un nuevo espacio de libre circulación de contenidos, con un margen amplio de libertad y anonimato, lo que colocan ahí simpatizantes y militantes de los partidos o candidatos son andanadas de ataques de unos contra otros, sin piedad alguna. Todos se pisotean, llaman de estúpido para adelante al que piensa distinto. Si en esos momentos tuvieran algún arma, posiblemente se dispararían. Al que piensa distinto lo sobajan, lo humillan, lo aplastan. Si bien una minoría intenta entrar en razones o mediar para bajar el nivel de la carnicería, nadie hace caso.

Si un ciudadano apartidista quisiera conocer cuáles son los planteamientos de los partidos, más vale no hacerlo por sus militantes ni simpatizantes. Entre estos hallamos numerosos provocadores y vividores de la política. Salvo algunos intelectuales, cuadros directivos o experimentados, que han sido formados o se capacitan, que construyen argumentos y saben exponerlos, del resto, difícilmente encontraremos razonamientos sólidos.

En un tercer círculo se ubica la mayoría, los ciudadanos que no pertenecen o no simpatizan con ningún partido, o que tampoco les interesa la actividad política. Lo común es que se burlen de todos, con desparpajo, o que alcancen a advertir algo positivo; o bien, si votan de manera diferenciada, evalúen más a los candidatos que a los partidos. En este círculo está lo más variado, plural y hasta inocente en cuanto a percepciones de la política y los políticos. Como no buscan obtener un cargo público están más interesados en su vida y futuro diario e inmediato. Encontramos aquí también a los abstencionistas y los que guardan silencio.

¿Hay debate político? No. Partidos y candidatos, en precampañas y campañas, poco lo alientan, poco lo ofrecen.

sergiorene.dedios@gmail.com

JJ/I