La próxima semana seremos testigos del llamado repechaje intercontinental. Es decir, el torneo clasificatorio de la FIFA, la fase eliminatoria para definir los dos últimos cupos del Mundial 2026. Serán dos partidos de futbol que se realizarán en el país, del 26 al 31 de marzo. Una de las tres sedes será el Estadio Guadalajara, en Zapopan.
El 26 de marzo se enfrentará en la cancha zapopana el equipo de Nueva Caledonia contra Jamaica, en la semifinal. El 31 de marzo, en la final, los contendientes serán el ganador del partido, Nueva Caledonia o Jamaica, contra República Democrática del Congo. No son los encuentros más esperados del Mundial de futbol, pero serán observados con lupa tanto por la FIFA como por los tres niveles del gobierno mexicano y millones de aficionados de todo el mundo.
Estará en juego no solo cuál selección avanza, sino si Jalisco está en condiciones de ser un buen anfitrión futbolero y turístico, que garantice el disfrute. Porque hay, mínimo, dos desafíos: la inseguridad que enfrenta desde hace años la entidad y la distribución de agua contaminada en miles de hogares y negocios. Podemos sumar otros, como calles y avenidas en pésimas condiciones, o los abusos que cometen desde policías hasta comerciantes.
Los dos partidos en el Estadio Guadalajara, este mes, son el prolegómeno de los cuatro encuentros de junio. Antes del 11 de junio y después del 26 del mismo mes, se espera un enorme operativo de seguridad. Recién se anunció que está listo un desplegado de protección, sin duda el más grande en la historia del país, que involucrará a casi 100 mil elementos.
Durante el Mundial 2026 la imagen del país estará de por medio, y más cuando, en el caso de Jalisco, ciudades turísticamente rentables, como Guadalajara y Puerto Vallarta, o pueblos como Tapalpa, padecieron dos violentos días, el 22 y 23 de febrero, tras la caída del líder criminal más buscado. Ese antecedente de vehículos y negocios incendiados, carreteras bloqueadas y militares asesinados o heridos, tres meses antes, no es la mejor bienvenida a los visitantes.
El Mundial 2026 es un enorme negocio que beneficia a sus organizadores y que ha puesto al gobierno federal y a gobiernos estatales a su servicio. Se trata de un encuentro deportivo nada accesible a la amplia mayoría de mexicanos, dados los precios tan elevados para ingresar a cualquiera de los estadios. Disfrutar los partidos de manera presencial será privilegio de una élite nacional e internacional. Los empobrecidos buscarán vender lo que puedan y les permitan.
Las millonarias inversiones hechas en lugares como La Minerva, Plaza Liberación o Plaza Fundadores, y la hasta ahora fallida remodelación del Parque Rojo, han sido cuestionadas. Su costo no se refleja en visibles mejoras, ni tiene beneficios directos sobre quienes viven al día, con ingresos miserables. Habrá, sí, actividades culturales y deportivas. Ojalá que eso y el Mundial incentiven el futbol.
Los turistas serán recibidos por una población que ha enfrentado miles de desapariciones, balaceras, ejecuciones a plena luz del día, fosas clandestinas; o de colectivos y familias que buscan difundir información para localizar a sus familiares, con autoridades empeñadas en destruir los cárteles.
El Mundial 2026 beneficiará a la FIFA, a quienes ofrecen hospedaje, alimentación, vehículos y a las televisoras. Habrá aficionados que se consolarán con ver los partidos vía una plataforma. Para otros, marzo o junio seguirán siendo meses, con o sin encuentro deportivo, de exigir respeto a derechos humanos violentados.
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