1. La enfermera observa las intermitentes rayas y números del monitor colocado en la pared, toma la mano de la paciente encamada, revisa el suero que se introduce en la vena de la anciana, le pregunta: “¿cómo estás?, ¿qué te duele?”. La mujer murmulla algo casi inaudible, con el rostro cansado tras noches de desvelo, y atina a medio decirle que tiene adolorida una pierna, que por el asco no puede comer. “Ahorita te pongo algo”. La joven coloca una jeringa en la cánula e introduce un medicamento. “No tarda en llegar el geriatra”, avisa a la hija que está sentada, frente a la cama, y que de vez en vez recuesta de un lado a otro de la cama a su madre, para que no le salgan llagas. Es el Hospital de Geriatría de Zapopan, en la avenida Zoquipan. En la sala, seis personas de la tercera edad son atendidas por enfermeras y enfermeros que van de un lado a otro. Ahí difícilmente se sabe si es de día o de noche. Un sacerdote de la orden de San Camilo llega a temprana hora. Pregunta a cada paciente si es católico y quiere comulgar. Reza el Padre Nuestro. Saca una ostia. “El cuerpo de Cristo”. Bendice a cada enferma. Se dirige a otras salas. En diferentes procesiones, más al rato llega una joven con el desayuno, que consiste en cuatro vasos con comida molida; luego una trabajadora social, la jefa de enfermería, personal de las clínicas de curación o del dolor, una angióloga, un equipo de tres o cuatro doctoras que evalúan con paciencia a cada paciente. Su tono es cariñoso. Sus manos son extensión de su corazón.
2. Doña Claudia cuenta gozosa “lo bien” que les fue cuando el 24 de diciembre se acabó todo el pozole que preparó con su familia para regalarlo a quienes están de guardia o no tienen qué cenar. Esta vez con su marido e hijos acudieron a un hospital. “Muchas, muchas gracias, no habíamos comido en todo el día”, le dicen personas en la sala de espera y el personal médico, que se sumó a la inesperada comilona. No quedaron col, salsas, cebolla picada ni agua fresca de jamaica. Regalaron más de 50 platillos. Es una familia de escasos recursos. Aun así, generosos, solidarios, también han distribuido gratis más de cien lonches a migrantes que caminan por las vías del ferrocarril. O regalan comida a quienes en los montes caminan en peregrinación a la Virgen de Talpa, de la que son devotos. Su fe no es solo de rezos o misas. Es solidaria.
3. Psicólogos, con estudios de doctorado y ponentes internacionales, del Centro Ericksoniano de México, el Instituto Mexicano de Hipnosis Clínica y la Sociedad Hipnológica Científica regalaron en línea un taller completo de terapia intensiva que llaman “Renueva tu ser este 2026”. Se trata de un espacio de acompañamiento profundo que incluye cinco ejercicios individuales, guiados por expertos, diseñados para iniciar el nuevo año con mayor claridad, bienestar y equilibrio. Una persona que puso en práctica el taller reportó que se sintió muy bien caminando consigo misma, relajada y con esperanza para este año.
En un mundo, un país, con violencia imparable, odios generalizados, adictos a infligir dolor, aplastadores de normas y éticas, destructores de la naturaleza, indiferentes a las víctimas, hay numerosos atisbos de humanidad. Lucecitas. Todavía existen buenos samaritanos. Quienes construyen islas solidarias.
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