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Entre Trump y la alcaldesa de Madrid

La economía es tanto una ciencia social como específicamente política. No es posible desligar las relaciones del poder político con las problemáticas sociales de su funcionamiento. Tal vez la frase atribuida a Porfirio Díaz, “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, cobre ahora una relevancia más especial.

Por una parte, Donald Trump afirma que en México quien gobierna y pone las reglas es el narco. Por la otra, la alcaldesa de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, viene a México a reivindicar a Hernán Cortés como el “fundador” de México, con el apoyo de notables que recuerdan a los potentados conservadores que le fueron a ofrecer el trono de México a Maximiliano.

En la relación de México, tanto con el gobierno español, como en el de Madrid, subyacen implicaciones económicas. Estamos en un momento económico crítico, dada la revisión del TMEC. ¿Si en México quien gobierna es el narco, esa revisión la hará el gobierno estadounidense con los líderes de los cárteles? Entre las amenazas y los absurdos queda un vacío institucional en la discursiva gubernamental norteamericana que sabotea la posibilidad de contar con acuerdos que realmente sean negociados.

Si efectivamente, como dice Trump. El gobierno mexicano teme a los cárteles, cabría preguntarse de manera recíproca cuál es el sentimiento que pueda tener el poder político norteamericano ante los corporativos de la industria armamentista y del sector financiero, que permiten exacerbar la violencia, el costo económico para todo mundo y el lavado de dinero en favor de emporios financieros.

Ahora que, si efectivamente la autoridad norteamericana quisiese enfrentar el consumo de sustancias y el desarrollo de acciones atentatorias contra la salud y la convivencia humana, cabría hacer preguntas más profundas y no meras bravuconerías.

En cuanto a la señora Díaz Ayuso, el problema no es tanto quién trata de matar a la vaca, sino quién le coge la pata. ¿A quién conviene y para qué reabrir un discurso histórico como el de la justificación plena de la invasión europea y el desprecio a las culturas originarias de nuestro territorio? Esta visita no hubiera tenido mayor importancia de no ser por los intereses económicos asociados a posicionar una postura política extrema, como la de Milei en Argentina, o la que el propio gobierno norteamericano impulsa por toda América Latina.

El riesgo no es el que con estos discursos pueda repuntar una oposición consciente, capaz y con argumentos para favorecer una eventual alternancia, sino que entre la ausencia de ella, la caricatura política impulse el encumbramiento de liderazgos a punta de dólares, euros y pesos (más allá de partidos políticos formales), pero que no cuenten con la más remota capacidad de enfrentar los graves problemas económicos, sociales y ambientales de México.

Tales liderazgos podrán ganar terreno aprovechando la superficialidad del debate, los rencores históricos de diversos grupos sociales y el ansia de poder político de potentados económicos. 

Más allá de las apariencias, el asunto es delicado.

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jl/I

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