El próximo viernes se conmemorarán 140 años de la revuelta de trabajadores en la plaza Haymarket, Chicago, de la que derivó el asesinato, “ejecución legal”, de líderes obreros. Tal es el origen del “día del trabajo”.
Es probable que en México, en Jalisco, las declaraciones se centren en subrayar el bajo desempleo y la casi inexistencia de huelgas. Resulta paradójico: los mártires de Chicago (Engel, Fischer Parsons, Spies, Lingg, etcétera) NO eran desempleados, sino trabajadores que reclamaban el logro y el respeto de derechos laborales, particularmente la reducción de la jornada laboral y el respeto al derecho de huelga. Resulta extraño que en Jalisco se suela exaltar el primero de mayo la “paz laboral”, expresada en el no ejercicio de un derecho fundamental.
Si no hubiese violaciones de derechos laborales, los salarios fueren suficientes para satisfacer las necesidades básicas de los trabajadores y sus hogares; si predominara la estabilidad en el trabajo, el trabajo digno, la democracia sindical, etcétera; si la inexistencia de huelgas respondiera a las excelentes condiciones de trabajo cabría reconocer que tal inexistencia sería el resultado de relaciones laborales justas y entonces sería un motivo de festejo.
Desgraciadamente no es así. Si las tasas de desocupación en México son muy bajas (de 2.5 por ciento en México y de 3.1 por ciento en Jalisco, cuarto trimestre 2025) se debe a que México es de los pocos países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y aun de los grandes y medianos países de América Latina en que no existe seguro de desempleo. En la mayor parte de la OCDE o en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador o Uruguay, quedarse sin trabajo no significa quedarse sin ingreso. Los trabajadores perciben una remuneración temporal mientras consiguen un nuevo trabajo.
En México, quedarse sin trabajo puede ser una tragedia, por lo que para la mayor parte de la población si se pierde un empleo hay que entrar a otro, formal o informal, inmediatamente. La duración del desempleo de una persona puede ser superior a uno o dos años en Europa, pero aquí difícilmente puede superar las cuatro semanas. El congratularse de las bajas de desocupación, sin considerar las razones de ello, no me parece tan digno de festejo.
Este año seguramente se subrayará la aprobación de la reducción de la jornada máxima de trabajo a 40 horas para 2030… y qué bueno, aunque las jornadas de 35 horas en Francia o de 34 en Alemania son un asunto dirimido el siglo pasado. El problema es que en México 70.4 por ciento de la población ocupada y 77.1 por ciento en Jalisco labora más de 40 horas semanales y la inmensa mayoría lo seguirá haciendo desde la informalidad o clandestinidad.
En México, el salario promedio de cotización al IMSS fue de 663.0 pesos diarios en enero de 2026, superior a los 642.75 en Jalisco. Si se nos presume como estado “campeón”, cabe preguntarse por qué los salarios son menores al promedio.
Bien valdría darle a este primero de mayo su valor en términos de derechos laborales y no sólo de ventajas para los negocios; ni poniendo por encima de lo social o lo ambiental a “la ley de la oferta y la demanda”, como en el caso de las viviendas en Zapopan.
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