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Fiebre mundialista

Al ex futbolista Jorge Valdano se le atribuye la frase “el futbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”. En sí mismo es un deporte más, como cualquier otro, pero simbólicamente representa una imagen de las aspiraciones, fracasos y éxitos personales, la identificación social con una ciudad o una institución, y hasta el prestigio nacional… el “amor por la camiseta”.

Ese carácter simbólico ha llegado al punto de que el mundo eligió a un rey (¡democracia monárquica!), al Rey Pelé, y hasta se ha creado una religión: la iglesia Maradoniana. Con tal fervor, ese amor ha sido utilizado por grandes capitales e intereses políticos en favor de gigantescos negocios y distracción de la opinión pública.

Resulta paradójico el sentido del deporte en sí frente a su utilización comercial. Como deporte, entraría en la lógica griega de “cuerpo sano en mente sana”, lo que supondría que el gusto por él se asociaría al cuidado del cuerpo y de la mente. Sin embargo, los grandes promotores del futbol en México han sido sucesivamente empresas cerveceras, productoras de comida chatarra y casas de apuestas.

El “gusto por el deporte” se expresa sentado en una sala o un bar, tomando cerveza, comiendo botanas patogénicas y perdiendo dinero en apuestas. En contraste, el Barcelona anuncia al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y a la ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). En Corea, el equipo Hyundai incluye el logotipo del Programa Mundial de Alimentos.

Igualmente es clave el cambio de sentido de los mundiales de futbol. Antiguamente parecía que lo básico era representar a un país. Para 1970 diversas organizaciones brasileñas convocaron a un boicot al Mundial como protesta frente al régimen dictatorial que había en su país. La convocatoria fue un fracaso, los mismos convocantes sucumbieron ante la magia del Rey Pelé y el conjunto de la verdeamarela. Hoy parece que lo fundamental es crear una enorme sala de exhibición global para que los grandes capitales “adquieran” a los mejores jugadores, como si fuese la compra-venta de esclavos gladiadores para un circo romano. El éxito o fracaso se representa en el valor mercantil de los jugadores, calculado en el “Transfermarket”, símil de las empresas calificadoras de inversión en los mercados financieros globales. 

Además, el futbol refiere un juego con dados fuertemente cargados. En el 2015 el exfutbolista Gary Lineker declaró que "No hay organización más corrupta y deplorable sobre la Tierra que la FIFA", a lo que siguió el destape por parte del FBI del FIFA Gate, un gigantesco escándalo de corrupción global.

Sin embargo, este balón azul llamado planeta tierra sigue rodando. En México, el contexto social, las presiones políticas y la fragilidad económica siguen jugando. La limpieza de las calles de la población marginada que “deteriora la imagen de la ciudad”, el aumento de desaparecidos, el riesgo de aumento del tráfico sexual y las movilizaciones sociales generan mayores consecuencias que el recibir un gol en contra. Un ejemplo es la convocatoria por la CNTE con múltiples organizaciones de todo tipo, frente al Estadio Azteca (¡perdón, frente al Estadio Banorte!... pues el poder de los bancos es mayor que el de nuestra historia o cultura).

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jl/I

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