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Entrevistas fabricadas: desinformación de viejo cuño

Expiraba el siglo 20 y nacía el actual. En Italia, Tommaso Debenedetti tecleaba conversaciones inexistentes, con seductora cadencia. Nada grave si fuese literatura. Pero era periodismo. Escritores como Philip Roth o John Grisham desfilaron en sus diálogos ficticios publicados durante años en periódicos provinciales de su país. Descubierto, alegó que su motivación no era el dinero, sino evidenciar la fragilidad del sistema de medios en términos de verificación.

No ha sido el único que ha logrado engañar a tirios y troyanos. Antes, otro autor mucho más célebre, Enrique Vila-Matas inventó entrevistas. Y admitió haberlo hecho por temor al despido. Y entre 1990 y 1996 el reportero televisivo Michael Born filmó en Alemania al menos 20 reportajes falsos, fabricando entrevistas con actores, lo cual se relata en el recién estrenado documental dirigido por Erec Brehmer ‘Born to Fake’.

Las técnicas del engaño han existido siempre, pero en plena era de los ‘deepfakes’ u otros bulos más sofisticados, parecía impensable que alguien recurriera a métodos tan rudimentarios de la era analógica, como la fabricación de entrevistas. Pero en los últimos días, una supuesta charla con el finado escritor Carlos Monsiváis, publicada en un diario de circulación nacional, regresó el fantasma de las entrevistas apócrifas.

A Monsi se le atribuyen presuntas críticas contra el ex presidente López Obrador y se deslizan insinuaciones con tono homofóbico sobre la vida privada de ambos. Pronto, varios analistas señalaron que la idiolecta atribuida al cronista resulta inverosímil para su erudición y no coincide con su acreditada posición política de izquierda. Ante la imposibilidad de que el escritor desmienta, la propia familia de Monsiváis desmintió categóricamente el texto y anticipó que analizan actuar legalmente.

En el material aparecen frases ramplonas y de torpe sintaxis que delatan un estilo ajeno a la agudeza intelectual de Monsiváis, además de que algunos hechos citados en la entrevista no coinciden con las fechas en que ocurrieron, de acuerdo con lo que personajes como el historiador del Colegio de México Harim Gutiérrez y el investigador Raúl Trejo Delarbre comentaron en la red social X.

Para autores como Claire Wardle y Hossein Derakhshan, las entrevistas falsas entran en las categorías de “contenido impostor” o “contenido fabricado”. Edson Tandoc las describe como una narrativa ficticia estructurada como noticia, y Danielle Caled y Mário J. Silva, clasifican a las entrevistas falsas como “bulos complejos” que “imitan el estilo periodístico formal para sortear el escepticismo inicial de las audiencias”.

Que, por cierto, se ha extendido esa práctica de disfrazar de periodismo a la propaganda negra, con páginas que aparentan ser medios de comunicación, hasta con logotipo, pero de los cuáles nadie sabe quiénes son sus reporteros o sus directivos. En la academia a estos se les cataloga como “Fake Media”, es decir, medios apócrifos.

Si se confirmara la falsedad de la entrevista de marras sería una mala noticia para la de por sí golpeada credibilidad de la prensa corporativa tradicional, que según mediciones internacionales (como la de Reuters) se encuentra en caída libre.

*Investigador de la Maestría en Periodismo de la UdeG

X: @julio_rios

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