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Destierro biocultural

Hace más de una semana, por enésima vez, comunidades indígenas de la montaña de Guerrero, en Chilapa, se vieron forzadas a dejar sus casas, sus cultivos, sus animales, sus paisajes y su vida colectiva; es decir, sus territorios, debido a los ataques armados con drones e incendios perpetrados por grupos delictivos.

A la violencia y pérdida de vidas en el desplazamiento también se suman fracturas en los sistemas de conservación de la naturaleza, la pérdida de memorias ecológicas y formas de vida comunitarias que sostienen gran parte de la biodiversidad del país.

Un estudio realizado por Raquel Aparicio, sobre la significación de la naturaleza entre comunidades indígenas de México, señala que la tierra trasciende la idea de la propiedad privada. Ahí existe la comunidad, habitan los antepasados, las historias y la memoria colectiva. Dice Raquel que estas visiones no son románticas ni estáticas, sino que conviven con la vida moderna. Sin embargo, las prácticas ancestrales en tensión, siguen siendo vigentes para la sobrevivencia de las comunidades.

Por ejemplo, dice Aparicio, el bosque no se tala para obtener madera. El bosque forma parte de la vida del pueblo y le da continuidad cultural, es decir, le permite conservar su identidad: conectar pasado con futuro. Otro ejemplo es la milpa que no es solo un sistema productivo, sino un sistema de vida donde además se practica una espiritualidad y se generan medicinas. 

En muchos casos un sitio o un lugar es custodiado o reclamado por una entidad espiritual, de ahí que las comunidades hagan intercambios con la naturaleza realizados con respeto y responsabilidad. 

Esta manera de habitar el territorio, que es muy distinta a la lógica utilitaria dominante, ha derivado en prácticas y saberes que conservan a la naturaleza en el país. 

El investigador Víctor Manuel Toledo señala que en los territorios indígenas, calculados entre 28 a 32 millones de hectáreas, se capta gran parte del agua del país y es donde se concentra la mayor biodiversidad de México. Las selvas mexicanas tropicales mejor conservadas, dice, coinciden con los territorios de los pueblos indígenas. 

Cada una de las culturas ancestrales que habitan en el país ha desarrollado y conservado formas de convivencia con los ecosistemas de su territorio.

En Jalisco, el investigador y educador ambiental, Ricardo Ramírez, ha dado cuenta de una cultura de lago e isla en la comunidad de Mezcala, en la laguna de Chapala. Este pueblo coca ha desarrollado estrategias de conservación comunitaria como parte de sus prácticas cotidianas y ceremoniales. Dice él, esta comunidad puede mostrarle a los biólogos universitarios un mayor número de técnicas de conservación de plantas silvestres que las que se conocen en la escuela. 

El crimen organizado se ha pertrechado sierras, bosques y selvas del país por lo que defender los territorios indígenas no es un gesto asistencialista, es una deuda histórica; una necesidad ambiental y civilizatoria. 

Requerimos que se exprese en la vida diaria de nuestro país una política pública de defensa de los pueblos originarios, así como de la conservación de su memoria, el agua, la biodiversidad y el futuro sano del territorio.

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jl/I

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