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Infraestructuras para la paz

En los últimos meses los tapatíos hemos sido testigos de los millones de pesos, de nuestros impuestos, gastados en remozar la ciudad en vistas del Mundial (Línea 5, nueva salida del aeropuerto, adecuación de parques y glorietas…). Mientras, la primera tormenta de la temporada inunda avenidas, provoca caída de árboles y abre baches enormes. Parece que lo importante son las obras monumentales, no las personas y su bienestar.

Para convivir en armonía no bastan estadios bonitos ni vialidades rápidas. La paz no llega por arte de magia. Supone invertirle, desde una voluntad política que precise las condiciones y relaciones que la hacen posible.

Una propuesta concreta plantea la importancia de diseñar “infraestructuras para la paz”, es decir, una visión integral, sostenible y a largo plazo que permita atender estratégicamente los conflictos que enfrentamos (con relación al transporte público, la distribución del agua o el uso del dinero público); un sistema de roles, funciones y actividades que favorezcan el desarrollo del potencial de personas y colectivos; una conciencia de la interdependencia que nos constituye como sociedad desde una visión compartida de futuro. Sin estructura la casa se derrumba. Sin recursos socioeconómicos y socioculturales la paz seguirá siendo solo una utopía.

Dicha infraestructura supone entender la naturaleza específica de los conflictos, sus elementos, los niveles donde surgen (lo interpersonal, dinámicas locales y regionales, estructuras sociales), los modelos que existen para atenderlos (prevención, reconstrucción, reconciliación…), la experiencia de la gente para afrontarlos.

Asumir que el conflicto es un sistema-proceso donde se construyen relaciones y que, por lo mismo, hay que crear espacios para que las personas se encuentren, se planteen el futuro que desean construir, logren articular ideas y fuerzas aparentemente contradictorias.

Reconocer el poder social, cultural y político, pero no en abstracto, sino en los mecanismos que potencian o inhiben los intercambios para atender problemas específicos (una fuga de agua, un socavón, el desbordamiento de un arroyo) o para interactuar con las autoridades, sus instituciones y burocracias.

Diseñar procesos y actividades: a) con los líderes de las cúpulas sociales, organizando mesas de diálogo donde la confianza y flexibilidad permitan llegar al entendimiento mutuo respecto de intereses comunes; b) con los liderazgos intermedios (profesionistas, activistas, profesores…) realizar cursos de capacitación en resolución de problemas y en gestión de conflictos; c) con los líderes locales que son sensibles a los matices del lugar y mantienen relaciones estrechas de largo plazo con sus vecinos, profundizar en el uso de herramientas propias para el trabajo de conflictos: comunicación, diálogo, conversación, reconocimiento… Los pueblos y su cultura son el mayor recurso para el mantenimiento de la paz.

Así como los equipos que participan en el Mundial han tenido que prepararse arduamente y las ciudades anfitrionas visten ahora sus mejores galas, no podemos dejar a la deriva la vida en común de las personas. Hay que saber qué le corresponde hacer a cada uno, tener objetivos compartidos, contar con habilidades para negociar las divergencias. Pensar en infraestructuras para la paz abre perspectivas para crear nuevas realidades y relaciones.

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jl/I

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