México tiene dos nuevos partidos políticos y con eso suma ocho de estos institutos con registro nacional. ¿Son pocos o son muchos? Depende de con quién se nos compare. Si miramos a nuestro continente para tener un parámetro más equiparable, Argentina tiene 47 partidos; Perú, 43, y Colombia, 34.
Los partidos surgieron (el caso más icónico es el de Gran Bretaña con los Tories y Whigs) por la necesidad de organizar a las personas con afinidad política y movilizar a los votantes para acudir a las urnas. A pesar de la enorme crisis de credibilidad que padecen hoy en día, siguen siendo fundamentales como únicas instituciones con la capacidad de aglutinar a quienes coinciden con una doctrina, formar cuadros, proponer plataformas de gobierno y participar en los congresos. Esto no se logró con las candidaturas independientes que hace 10 años nos vendían como la panacea.
El renglón de la representatividad ha sido uno de los grandes pendientes de estas organizaciones en nuestro país. Los partidos políticos más bien operan como grupos pragmáticos que buscan el poder por el poder mismo y los ciudadanos no se identifican con ellos.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Confianza en la Administración Pública (Encoap) son los partidos políticos los que mayor desconfianza generan, pues prácticamente dos de cada tres mexicanos los percibe de forma baja, nula o negativa.
A lo anterior se suma la crítica de que algunas de estas organizaciones han operado como partidos satélites. Un término acuñado en la vieja época del régimen del PRI, cuando agrupaciones como el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) o el Partido Popular Socialista (PPS) funcionaban como esquiroles del sistema. Práctica que han perfeccionado partidos como el Verde o el del Trabajo.
En este supuesto parece encajar el nuevo partido Construyendo Sociedades en Paz, que es la versión 3.0 de Encuentro Social y Encuentro Solidario, encabezado por Hugo Erick Flores. Responsables, por cierto, de anidar a un ominoso ejemplo de lo que no debe ser la política: Cuauhtémoc Blanco.
En cuanto a Somos México, participan figuras que antes lo hacían en institutos electorales, organismos autónomos y los residuos del PRD, sin embargo, pareciera que fragmenta aún más a la de por sí debilitada oposición.
El otro tema tiene que ver con el uso de los recursos públicos por parte de estas fuerzas políticas. Durante décadas se les ha señalado como auténticas cajas chicas de grupos fácticos, sin que el ejercicio de sus gastos corresponda verdaderamente con la promoción de la democracia y los valores cívicos. Además, persisten vacíos legales que abren la puerta a la discrecionalidad en el manejo de sus dineros; por ejemplo, en la adquisición de contratos a los cuates. No es cosa menor, tomando en cuenta que en 2026 a los partidos se les asignaron 7 mil 737 millones de pesos.
Ahí está el meollo del asunto: lograr que los partidos políticos mantengan un equilibrio sano entre su representatividad política, el cumplimiento riguroso de su misión y doctrina, y pulcritud en el ejercicio de los recursos.
*Investigador de la UdeG
X: @julio_rios
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