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Se acabó

A finales de los años sesenta del siglo 20, en plena dictadura franquista, Joan Manuel Serrat compuso la canción ‘La Fiesta’. En una de sus frases dice: “Se acabó. El sol nos dice que llegó el final. Por una noche se olvidó que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”.

Algo así sucedió en las calles y plaza de México durante y después de los partidos de la selección mexicana. En esta ocasión, por orden de la FIFA y con la aprobación del gobierno mexicano, los estadios quedaron reservados para personas con bastante dinero debido a los exorbitantes precios de las entradas.

Sin embargo, aunque los muchachos de la selección nacional jugaron muy bien, el marcador final contra Inglaterra fue adverso y con ello el Mundial terminó para México y se acabó la fiesta. 

Los mundiales son parte de la sociedad del espectáculo. Y en este los mexicanos volvimos a sorprender al mundo con nuestras singulares maneras de jolgorio. Millones de mexicanos, mujeres y hombres de todas las edades, anduvimos en la fiesta, pero eso no significó que nos hayamos olvidado de todo. Por eso las protestas sociales que estuvieron presentes.

Las madres, ataviadas con la camiseta verde con la foto y el nombre de su familiar, no suspendieron sus búsquedas de fosas clandestinas y sus protestas por los más de 135 mil desparecidos que existen en todo el país las trasladaron a los llamados Fan Fest. Y, a pesar del ninguneo y criminalización, las continuarán, como dice su consigna: ¡Hasta encontrarlos! Frase que ahora, coyunturalmente, gritaron a la vez que disfrutaron de varias “cascaritas”.

El crimen sanitario que está cometiendo el ingobernable e ineficiente Siapa contra todos los habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara haciendo llegar agua puerca a nuestros hogares, y con ella poniendo en riesgo la salud de todos, es otro tema que, afortunadamente, el Mundial no logró hacernos olvidar. No lograremos saber cuántos visitantes volvieron a sus lugares de residencia con un recuerdito en su cuerpo por haber estado expuestos a esta agua.

El tercer campo de batalla que no se abandonó fue el de la defensa de los territorios que el capital y las políticas desarrollistas pretenden despojar para convertirlos en zonas de sacrifico social y ambiental. En el país y en Jalisco existen muchos ejemplos de estos. Uno de los mayores lo tenemos frente a nosotros, a solo diez kilómetros, en los pueblos de la barranca del río Santiago que siguen resistiendo a la contaminación.

Frente a esto, a pesar de su gravedad creciente, los gobiernos, con y sin Mundial, siguen impasibles e insensibles. Pero durante este evento deportivo con excesiva carga mercantil, los gobiernos, a las claras, dejaron ver de nueva cuenta que para lo que es de su interés existen recursos económicos al por mayor, mismos que se regatean o se niegan para lo que lo que las sociedades en movimiento demandan.

Por la vía de los hechos, durante el Mundial se constató que el placer de la fiesta y la protesta combinaron perfectamente.

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jl/I

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